Los vándalos siguen arruinando Roma 1.500 años después (Los Angeles Times, 02/08/2010)



Arrancan las narices de las estatuas y arrojan colorantes en la Fontana di Trevi. El vandalismo es una plaga creciente en la Ciudad Eterna, que ha decidido reforzar su vigilancia para poner coto a tales atrocidades.
Nada es intocable para los destructores de monumentos, que son jóvenes en la mayoría de los casos, y con estudios universitarios. Beben, se emborrachan y la emprenden contra el rico patrimonio de la capital italiana, donde docenas de esculturas de la colina Pinciana presentan roturas o han sido embadurnadas con frases ofensivas. El parque que sirvió de inspiración al poeta John Keats en el centro de Roma es uno de sus lugares favoritos, al igual que para los turistas.
También la Escalera Santa, un monumento que atrae a miles de peregrinos católicos, ha sido cubierta de pintadas, y las autoridades se desesperan porque el patrimonio romano es tan amplio que "haría falta un ejército de 20 millones de efectivos” para protegerlo de día y de noche, como explica Daniel Berger, asesor de Arte del Ministerio de Cultura italiano al que cita Los Angeles Times. La única manera de solventar el problema sería "hacer entender a la gente que se trata de su propia herencia, la cultura de Europa occidental".
Junto a la contaminación ambiental, la negligencia y la escasez de de fondos públicos para la conservación, el vandalismo se ha convertido en una nueva dificultad a la hora de preservar el patrimonio romano. Es por eso que las autoridades han reforzado las patrullas policiales en torno a los monumentos, incluyendo agentes que no visten uniforme y que se confunden entre los visitantes.
También se analiza la posibilidad de emplear a antiguos reclusos y convictos en libertad condicional para colaborar en las tareas de limpieza. Aunque no hay una fecha concreta, el programa podría comenzar en los próximos meses, según confirmaron a Associated Press las autoridades regionales.
La colación de cámaras de vigilancia en lugares estratégicos está ayudando a identificar y detener a muchos de los vándalos, pero eso no impide su actuación, ya que "bastan 30 segundos para dañar un monumento", como subraya Umberto Broccoli, superintendente de Arte de la capital italiana.