Las galerías se resienten de los efectos de la crisis económica (Cinco Días, 15/05/2010)



Las ventas han caído significativamente y los galeristas españoles se esfuerzan para recortar gastos. Un feroz instinto de supervivencia se deja sentir en este sector que, para salir a flote, necesita algo más que amor al Arte.
Lo cuenta Jesús Rodríguez en el diario Cinco Días: durante el último año, la facturación se ha reducido en torno al 30 por ciento, y más de la mitad de las galerías se quedan por debajo del umbral de la rentabilidad. El responsable de Seficonsa, empresa líder en la gestión de esta clase de establecimientos, calcula en 1 millón de euros las ventas necesarias para hacer frente a los numerosos gastos que genera una galería.
El dinero se va en facturas de diseño e imprentas, para la creación de catálogos e invitaciones. También son muy elevados los gastos de publicidad, la contratación de especialistas para el montaje de exposiciones, la enmarcación de los cuadros, el transporte, los salarios del personal y la financiación de algunas de las instalaciones que se exhiben. Y es que, como explica Guillermo de Osma, "a veces nos convertimos en mecenas, y financiamos algunas de las obras". El presidente de Arte Madrid cuenta que todos esos gastos se han reducido drásticamente porque "tenemos que cortar por algún lado para que la crisis no nos gane".
Es lo que ocurre también con la participación en las ferias, oportunidades para muchos y sueño imposible para otros, ya que exponer en un certamen como Arco puede costar hasta 60.000 euros. Tal vez por eso, muchos profesionales prefieren encaminar sus esfuerzos en otra dirección. Rina Bouwen, una marchante de origen belga que lleva 15 años en Madrid, ha decidido ofrecer su local para la celebración de otra clase de actos, como conciertos y conferencias. Lo importante es no quedarse parados.
También se ajustan los precios, y son los propios artistas los que se muestran más sensibles al tema, por lo que “nos otorgan más margen de negociación", reconoce Bouwen. También se dan facilidades de pago a los compradores, que pueden llevarse la obra y abonarla en varios plazos.
Porque son los clientes particulares quienes mantienen vivas las esperanzas de los galeristas. Bancos, empresas e instituciones públicas han frenado notablemente la compra de Arte y son los coleccionistas privados quienes no parecen perder la pasión que mueve tantos millones de euros cada año. Así es también al otro lado del mostrador, donde "todo lo facturado es reinvertido para mejorar lo que, al fin y al cabo, es una forma de vida". Así lo asegura Rina Bouwen que, incluso en tiempos de crisis, considera su trabajo más como “pasión y sacerdocio que negocio".