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Jonathan Brown niega el hallazgo de un nuevo Velázquez en Yale    (ABC, 12/08/2010)
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Jonathan Brown niega el hallazgo de un nuevo Velázquez en Yale
‘La educación de la Virgen’ no es obra de Velázquez. Jonathan Brown, uno de los mayores expertos en el maestro español, lo niega tajantemente, tras contemplar el cuadro por primera vez desde su descubrimiento.

Lo cuenta en un interesante artículo publicado por el diario ABC: se trata de “uno de los muchos pastiches que hicieron en Sevilla algunos pintores locales, buscando a aprovechar el Arte atractivo de Roelas y el Arte novedoso de Velázquez”. Según Brown, ‘La educación de la Virgen’ es “testimonio de la fama del joven pintor, pero no de su talento”.

Jonathan Brown es catedrático de Arte español en el Institute of Fine Arts de Nueva York, y en este mundo donde todos se conocen recibe el sobrenombre de ‘El señor que siempre dice no’. Una referencia nada sutil a las muchas atribuciones a Velázquez que lleva rechazadas.

Tal vez por eso, la Galería de Arte de Yale nunca solicitó su opinión sobre el supuesto Velázquez encontrado hace siete años en sus almacenes, algo sorprendente si se tiene en cuenta que Brown vive y trabaja a poco más de 100 kilómetros de esa famosa universidad.

Según John Marciari, descubridor de ‘La educación de la Virgen’, ese cuadro sería “la incorporación más significativa a la obra de Velázquez que se haya producido desde hace más de un siglo”. Pero el doctor Brown considera que “su aire velazqueño es tan innegable como pobre su calidad”.

La clave está en la figura de San Joaquín, que él compara con el viejo de ‘El almuerzo’, que se conserva en el museo de San Petersburgo. Velázquez muestra en esa obra “una técnica muy segura”, al contrario de lo que sucede en ‘La educación de la Virgen’, donde la barba del santo se hace con “manchas blancas y descuidadas”. En el de San Petersburgo, “la barba es una sutil mezcla de negro y blanco, para indicar el envejecimiento del hombre”. Además, “las arrugas de la frente del de San Petersburgo tienen un sentido de relieve, mientras que en el de Yale parece como si fueran aplicadas mecánicamente encima de la piel”.

“La misma crudeza se ve en la mano de Santa Ana, que se pinta como si fuera prestada por Paulino Uzcudun. En cuanto a su manto, es obvio que lo ha comprado en las rebajas del invierno: resulta demasiado grande para su cuerpo pero irresistible por el precio de saldo”. Jonathan Brown se muestra igualmente sarcástico cuando enjuicia la calidad del retrato de la Virgen María, a la que dejaron “de sexo indeterminado”.

Otro factor importante tiene que ver con “la sociología del mundo de Velázquez”. Se pueden notar “préstamos en la composición”, como la mesa con el cajón medio abierto y el ángel de arriba, con las manos juntas”. Esos motivos se encuentran en un cuadro del mismo tema pintado por Juan de Roelas, un pintor de mucho oficio activo en Sevilla desde 1604.

Antes de que Velázquez hubiera comenzado su carrera, “Roelas era el pintor más moderno y con más éxito de Sevilla y, como tal, el enemigo mortal de Francisco Pacheco, el maestro de Velázquez”. Con esa enemistad, Brown considera “impensable” que el joven Velázquez utilizara elementos de la composición de Roelas cuando él tenía sólo 18 años. Eso se habría interpretado como “un acto de traición hacia su maestro”.