Félix de Azúa: "la Historia del Arte está cerrada" (El País, 22/05/2010)



Félix de Azúa acaba de jubilarse como profesor de Estética y presenta su libro ‘Autobiografía sin vida’, en el que sostiene que vivimos en la fase primitiva de una nueva cultura, por lo que no se sabe hacia dónde irá el Arte.
Se trata de un ensayo lúcido y casi poético, como lo define Catalina Sierra en El País. Su autor recorre en él las imágenes que han marcado su vida, la de su generación y, en cierta manera, la de todo el Arte occidental. Desde los caballos pintados hace 30.000 años en la cueva de Chauvet hasta la última performance, póstuma como el mismo Arte, de James Lee Byars.
Su tesis es que el Arte ha ido desgastando la vida, robándole su magia, para convertirla en la sombra de lo que fue, en pura representación, hasta aniquilarla. "Los humanos somos aquello que de nosotros dicen nuestras imágenes", asegura el autor, convencido de que el Arte, como se ha concebido en los últimos 30.000 años, “se ha acabado”. En su opinión, “va a ser muy difícil que se mantengan los grandes discursos antiguos", por lo que "la Historia del Arte, con mayúsculas, está cerrada”.
De lo que vendrá después, no tiene “ni idea”, pero tiene muy claro que “no podemos prescindir del Arte, como no podemos hacerlo de la religión o la ciencia". La magia, “ese punto de simpatía o comunión con la vida o el cosmos, es una pulsión que no desaparecerá”, aunque esa magia no es exclusiva de los artistas. “También un hincha de fútbol, en plena euforia etílica, puede tener este momento artístico”, así que “no hace falta exagerar tanto”, porque esta comunión con el cosmos se le da a todo el mundo en el momento en que se enamora. Enamorarse no es otra cosa".
En cuanto a la “nueva era” que vivimos, Félix de Azúa sitúa su origen en la “grieta gigantesca” que se produjo a partir de la explosión nuclear de Hiroshima, cuando “los humanos nos damos cuenta de que podemos autodestruirnos hasta desaparecer del cosmos”. Y lo compara con el paso del Paleolítico al Neolítico.
El Arte de esta nueva era “está empezando aún”, por eso “nos parece rarísimo, desconcertante, porque viene a decir ´he muerto´, pero esto es la obra de Arte”. Azúa considera que “es dificilísimo, en este momento, trabajar sobre cuestiones artísticas. Creo que hay que ser filósofo, vaya, y en el sentido técnico de haber estudiado la carrera”. Porque “estamos en el puro vacío, en la representación artística de la muerte del Arte, que ha alcanzado la fase hegeliana de la autoconsciencia”.
Pese a que su libro rezuma vida y ganas de vivirla, Azúa está convencido de que "habitamos un mundo ya destruido por la bomba atómica". Asegura que el terror nuclear que atenazó a su generación se ha dulcificado porque "es imposible mantener la tensión de la muerte tanto tiempo, pero ya está interiorizado de tal manera que sólo lo percibimos en el reflejo de este Arte complejo y duro que nos desorienta”.