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El cambio de la Iglesia Católica frente al Arte contemporáneo    (Lápiz, 30/04/2010)
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El cambio de la Iglesia Católica frente al Arte contemporáneo
¿Llegaremos a ver a un cardenal paseando por ARCO? Ésa es la pregunta que se hace la revista Lápiz ante el “pasmoso giro” de la Iglesia Católica, en busca de un entendimiento con los artistas contemporáneos.

José Alberto López se refiere en Lápiz a la “nueva estrategia eclesiástica” que inspiró la reunión celebrada por Benedicto XVI con doscientos artistas de distintas disciplinas, en noviembre del año pasado. En el encuentro de la Capilla Sixtina, al que asistieron creadores como Jannis Kounellis, Anish Kapoor o Bill Viola, el Papa se refirió a la belleza como necesaria respuesta a algunas formas del Arte contemporáneo que considera obscenas.

El arte occidental, que había mantenido una estrecha relación con la Iglesia hasta principios del siglo XIX, ha avanzado en un camino de secularización extrema, mientras que la iconografía religiosa se iba reduciendo a una práctica “marginal y normalmente mediocre”. Pero Pablo VI asumió el compromiso de restablecer la amistad entre la Iglesia y los artistas, y Benedicto XVI ha seguido sus pasos.

"A todos vosotros la Iglesia del Concilio os dice con nuestra voz: ¡si sois amigos del verdadero Arte, sois nuestros amigos!", dijo Pablo VI en la clausura del Concilio Vaticano II. Entonces los señaló como custodios de la "belleza del mundo", la belleza que el mundo necesita para no lanzarse a la desesperación...

En el año 2000, Juan Pablo II dirigió una ‘Carta a los Artistas’ igualmente centrada en la "epifanía de la belleza". Ajena a los estilos, movimientos y medios del arte actual, la Iglesia seguía reclamando una belleza que en sus templos se ha traducido en burdos productos incapaces de reproducir la grandeza del Arte religioso de antaño, convirtiéndose en una especie de grotesco Arte religioso folclórico, preñado de vulgaridad, del que son ejemplos destacables las horribles pinturas instaladas en la Catedral de la Almudena de Madrid.

Ahora la Iglesia parece querer sacudirse ese rancio conservadurismo y, según el responsable del Consejo Pontificio de la Cultura, Monseñor Gianfranco Ravasi, pretende estimular un Arte apropiado para ornar las numerosas iglesias modernas, diseñadas en algunos de los casos por arquitectos como Renzo Piano o Richard Meier. Paralelamente, la Iglesia desea inspirar en los artistas un Arte "trascendente", que pueda medirse con aquella creación contemporánea carente de mensaje, o "blasfema".

En una entrevista concedida al diario Frankfurter Allgemeine Zeitung a finales de 1998, Ravasi adelantaba la intención del Vaticano de participar con un pabellón propio en la Bienal de Venecia de 2011, a pesar de ser consciente de que cerca podría exhibirse una Madonna llorando esperma o una Última Cena con jóvenes masturbándose, como se pudo ver en Bolonia, o en Viena, ese mismo año. En aquella misma entrevista, se interrogaba Ravasi sobre los nuevos lenguajes, sobre la búsqueda de lo no estético en el Arte, y concluía que quizás la Iglesia había perdido el contacto con la creatividad. Como ejemplo, se refería a una Crucifixión de Joseph Beuys, que, según opinaba, debió haber adquirido la Iglesia en los años 60, por tratarse de una obra más propia de un lugar sagrado que de un museo.