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La arrogancia de Charles Saatchi, según el diario The Guardian    (The Guardian, 03/07/2010)
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La arrogancia de Charles Saatchi, según el diario The Guardian
Convertir una simple galería en todo un museo de Arte contemporáneo no es algo que ocurra a menudo pero es lo que trata de hacer Charles Saatchi, a quien el crítico del diario The Guardian no duda en calificar de arrogante.

Adrian Searle titula su artículo "Un agradable regalo, Charles, pero ahora ¿qué?". Se pregunta por el futuro de una colección basada en el dinero y el entusiasmo de su propietario, pero que carece de sistemática.

El polémico publicista que devino en comerciante de Arte ha venido acumulando durante los últimos 25 años obras de calidad muy variable y sin un “foco específico”. Los llamados ‘Young Brits’ (Jóvenes británicos) han ido y venido, al igual que otros artistas de los Estados Unidos, Alemania, la India, China y Oriente Medio, pero, “¿qué fue del ‘Nuevo Realismo Neurótico’, un movimiento inventado que nunca llegó a ninguna parte?

Según el crítico de Arte del diario The Guardian, “las piscinas de aceite de Richard Wilson, las camas de Tracey Emin y los sexuados maniquíes de Jake y Dinos Chapman nunca parecieron tener mucha relación, excepto que eran obras hechas por artistas británicos que vivían en Londres y que se conocían entre sí”. Por eso, “si ponemos todas esas obras junto con algunas otras del resto de artistas de este supuesto movimiento, sólo conseguiremos exposiciones de pesadilla, engañosas, que tergiversan la trayectoria del Arte contemporáneo”.

Adrian Searle cree que la evolución de la Colección Saatchi dependerá de quién sea su comisario, y de las decisiones que tome sobre lo que hay que vender y comprar. Es por eso que se muestra escéptico, ya que el comunicado de prensa en que se informa de la donación al Estado habla de "continuar con la misma política que se estableció cuando la galería se inició hace 25 años".

Subraya Adrian Searle que la colección de Charles Saatchi carece de artistas dedicados al cine y al vídeo, y que tiene muy poca fotografía de calidad. “¿Cómo se puede tener un museo de Arte contemporáneo que hace caso omiso de estos medios?”, se pregunta el analista.

Así que el hecho de que la Saatchi Gallery cambie su nombre por el de Museo de Arte Contemporáneo de Londres le parece un gesto de arrogancia, aunque para no resultar “grosero”, Searle reconoce que es “un regalo muy generoso”, y que el propio edificio es “un gran espacio”, “muy popular” y que “atrae a un público muy amplio”, aunque sus exposiciones sean “invariablemente incoherentes”.

En realidad, es la colección lo más problemático.