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Japonisme
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Países lejanos y exóticos entran en contacto directo con Europa y Estados Unidos a finales del siglo XIX gracias a la expansión del comercio y la búsqueda de nuevos mercados para la floreciente industria. Tal es el caso de Japón.

Este aperturismo del país del Sol Naciente tras siglos de aislamiento permite que buena parte de su producción plástica llegue a Occidente. Xilografías, grabados, estampas y objetos de diversa índole como biombos, kimonos, cajas lacadas... causan una profunda impresión el los círculos artísticos. Lo mismo sucede con sus artistas, caso de Hokusai y Utamaro.

La pintura japonesa influía, incluso, con sus formatos. El "kakemono", de origen chino, había sido la primera forma de pintura que se conoció en Japón. Se trataba de telas o papel sobre brocado de marcada tendenca vertical que desarrollaban un único tema. Los pintores occidentales comienzan a variar los encuadres y tamaños de los lienzos debido a su influencia. Los motivos que usaron se estilizan enfatizando su carácter decorativo. Los objetos se contornearon con líneas negras y los colores se yuxtaponían para provocar la sensación de volumen.

El conocimiento de este nuevo concepto plástico permite a los artistas europeos reflexionar sobre el suyo propio. La corriente orientalizante sirvió de acicate a movimientos como el Art Nouveau, los Nabis, Pont Aven y el Impresionismo.