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Simbolismo
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Su objetivo es recuperar la significación en el Arte como reacción al Naturalismo y la revolución cientificista del Impresionismo. El yo interior, lo subjetivo, los sueños y un fuerte componente literario en lo que a la pintura se refiere caracterizan la temática del nuevo Arte. Entre 1880 y 1890 Francia y Bélgica asisten al nacimiento del Simbolismo. La inauguración oficial se produjo con la publicación por parte del poeta Joan Moréas del Manifiesto Literario en 1886. En él definió las características del Simbolismo literario.

La nómina de artistas incluidos dentro de esta corriente plástica es variopinta. Cada autor plasmó las realidades interiores de manera personal. Sin embargo el Simbolismo pictórico no surge de la nada y cuenta con antecedentes próximos como la obra de William Blake, los Prerrafaelitas y los Nazarenos. En general se trata de una pintura que tiende hacia la linealidad y la ornamentación. Pero el uso del color iba a ser fundamental para alcanzar esos mundos oníricos.

La pintura simbolista se extendió por gran parte de Europa encontrando ejemplos más allá de Francia y Bélgica. Alemania, Italia, Rusia y España se suman al movimiento. Sus principales representantes son Carlos Schwabe, Gustav Klimt, Fernand Khnopff, Odilon Redon, Gustav Moreau, Pierre Puvis de Chavannes, Arnold Böcklin y el Gauguin de la Escuela de Pont Aven.

Su gusto por el Esteticismo, el Decorativismo, los colores brillantes, la línea ágil y la alteración de la visión plenamente realista convierte al Simbolismo en la antesala de movimientos como el Art Nouveau o el Expresionismo.