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Estarcido
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Se dice que las paredes oyen y hay también quien las hace hablar. Entre la denuncia y la diversión, el movimiento Stencil o Estarcido conquista un lugar diferenciado en el ámbito de las artes plásticas en estrecha relación con los grupos antiglobalización, característicos del siglo XXI.

Sobre un espacio ya saturado de estímulos al consumo, el Estarcido cuenta historias mediante una técnica milenaria que consiste en aplicar pintura sobre los muros a través de plantillas que generan diseños reiterativos. Para ello se sirve del aerosol, tan popular en la década de los 70, y de viejas radiografías recortadas.

Los dibujos tienden a la síntesis y al esquematismo, casi siempre en color negro, y aparecen aislados o en obsesivas repeticiones de la imagen. Nunca son imágenes autónomas ya que juegan permanentemente con el contexto arquitectónico y con los mensajes que dejaron otros artistas que antes pasaron por allí.

El artista stencil suele ser clandestino, casi siempre anónimo, aunque a veces firma con seudónimo. En ocasiones se integra en colectivos que van dejando su sello por toda la ciudad para reinventar el espacio desde la subversión. Su antecedente más próximo se encuentra en los trabajos de Keith Haring y Basquiat, y en las manifestaciones estudiantiles contra la Guerra de Vietnam y el Mayo Francés.

El más afamado de los artistas integrados en el movimiento Stencil es, sin duda, el británico Banksy, de cuya verdadera identidad no se sabe casi nada. Nacido en Bristol en 1975, ha pintado las calles de Londres y otras ciudades con corrosivos graffitis y estarcidos y también ha conseguido colocar falsas creaciones de artistas consagrados en el British Museum y en la Tate Gallery. Ahora algunas de sus pintadas, arrancadas de los muros con el mayor cuidado, se cotizan en las muy conservadoras salas de subastas hasta en 300.000 euros.