Escuela de Altamira

La Escuela de Altamira no puede considerarse como un movimiento plástico al uso. No estipula una manera o forma concreta de realización de la obra artística. Ni está formada por un maestro que dirige un grupo de discípulos. Puede decirse que se trata de una Escuela en el sentido más amplio del término, como conjunto de individuos que se reunen para discutir y teorizar sobre temas determinados. En este caso concreto sobre el Arte contemporáneo y su relación con el prehistórico, la revitalización del Arte español del momento, la defensa del Arte Abstracto, el rechazo del Arte Académico, del propagandístico, la libertad creadora del artista, etc.
Se trata de un grupo heterodoxo que aglutina a diferentes personalidades del mundo de la cultura. Entre sus filas se encuentran inicialmente Mathías Goeritz y Alejandro Ragel como pintores, Alejandro Ferrant representa a la escultura mientras Ricardo Gullón y Pablo Beltrán de Heredia asumen la parte intelectual. Cierra este primer momento la historiadora Ida Prampolini. Posteriormente se agregan a la Escuela Cuixart, LLorens Artigas, Joan Miró, Pancho Cossío, Willie Baumeister, Alberto Sartoris, Tony Stubing, Bárbara Hepworth, Vivanco, Santos Torroella, Gasch y Lafuente Ferrari.
Toda la controversia generada en el seno de la Escuela se produjo en sendas sesiones que tuvieron lugar a tenor de unas conferencias de Arte en Santillana del Mar los veranos de 1949 y 1950.
El promotor de tales encuentros fue el pintor Mathias Goeritz. En 1948 descubre con asombro el Arte Rupestre de Altamira después de un periplo vital que le había llevado de Andalucía a Madrid. En la capital entra en contacto con artistas jóvenes como Ferrant. Además de las mencionadas conferencias y debates posteriores se crearon una serie de actividades paralelas como la edición de monografías de artistas o la publicación de la revista "Bisonte".