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Accionismo
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Para el Accionismo, el objeto artístico deja de tener importancia y es el propio cuerpo el que se transforma en un medio de expresión con características tan novedosas como su incapacidad para perdurar en el tiempo y la imposibilidad de coleccionarlo. Comparte planteamientos con movimientos como el Fluxus, el Body Art y el Performance Art, aunque los accionistas no se reconocen como miembros de una corriente organizada. Se sienten artistas independientes que coinciden en una misma etapa y en el mismo tiempo.

El Accionismo surgió en la Viena de los años 60 como una reacción frente al Arte institucionalizado. Se trataba de romper las reglas y las bases morales de la cultura establecida en aquel momento, para lo que se diseñaban actuaciones públicas con vocación trasgresora, casi siempre violentas y con un marcado contenido sexual, que solían terminar con sus protagonistas en comisaría. La utilización de animales vivos en rituales pseudo religiosos les reportaron también la hostilidad de los defensores de las buenas costumbres y de las asociaciones proteccionistas.

Fue en 1966 cuando accionistas austriacos como Hermann Nitsch, Günter Brus, Rudolf Schwarzkogler y Otto Mühl se dieron a conocer a nivel internacional con su participación en el Primer Simposio sobre la Destrucción en el Arte que se celebró ese año en Londres. A partir de entonces el Accionismo vienés estuvo en el punto de mira de la crítica internacional, generando intensos debates sobre los límites del Arte.

Medio siglo después, todos los artistas adscritos a ese movimiento habían emprendido caminos radicalmente diferentes, aunque dejaron atrás un poso de indudable interés para el análisis de los aspectos más rompedores del Arte contemporáneo.