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Neoclasicismo
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Escultura, arquitectura y pintura se inspiran en ese estadio ideal de la civilización occidental que fue la Antigüedad grecorromana. El Neoclasicismo fue un movimiento global que integró el mundo de las artes y pensamiento durante la mayor parte del siglo XVIII y comienzos del XIX.

Vital importancia tuvieron los descubrimientos arqueológicos de 1738 y 1748. Herculano y Pompeya salen a la luz sirviendo de modelo natural de inspiración al Arte del momento. La civilización romana marcó la pauta de imitación, que no copia, del Neoclasicismo dieciochesco. Tales descubrimientos se difunden por Europa gracias a láminas y dibujos de rápida difusión. Un ejemplo claro de esta reproducción arqueológica de los monumentos de la arquitectura romana es Giambattista Piranesi (1720-1778). Otro de los grandes promotores del Neoclasicismo, en concreto, de la superioridad de la cultura griega es Winckelmann (1717-1768).

Los temas elegidos deben tener una enseñanza virtuosa. Por ello la temática histórica basada en leyendas y hechos reales del mundo clásico logra un papel preponderante. También la historia contemporánea, la crónica y el ensalzamiento propagandístico de ciertos regímenes tienen su lugar de expresión. Otro tema destacado es la Naturaleza. Pero su carácter no es indómito y salvaje. La Naturaleza pasaba por el filtro de la Razón con el fin de obtener una belleza sosegada al alcance del hombre. A su vez la muerte se convierte en la representación de la heroicidad. El héroe afronta su paso al otro mundo de forma serena mientras el dolor hace presa en los que le rodean. Esta fue la pauta general para alcanzar lo Sublime en este tema.

En la escultura las bases de partida son semejantes. Técnicamente la escultura neoclásica es perfecta. El material preferido es el mármol y sobre él se logran unos acabados perfectos gracias al pulido. En general fueron obras que no presentaban ningún cromatismo debido a que los restos arqueológicos no lo mostraban. Sólo posteriormente se ha descubierto la falsedad de la imagen blanca e impoluta de estatuas griegas y romanas que, generalmente, iban cubiertas por una capa de color. Las actitudes y concepción de los personajes responden a esa idealización propia del clasicismo. Dentro de los representantes más destacados de la escultura neoclásica están Antonio Canova (1757-1822), Flaxman, Schadow, Thorwaldsen, Gibson y Campeny.

Sin embargo esa reinterpretación clásica en la distancia, la exaltación de sentimientos nacionales, la recreación de ruinas y monumentos clásicos con ciertos tintes nostálgicos e, incluso, fantásticos provocan que dentro del propio Neoclasicismo se empiecen a gestar las bases del Romanticismo del S. XIX.