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Escuela de Madrid
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La Escuela de Madrid surge de las cenizas de la Escuela de Vallecas. Cuando el grupo que pintaba en torno a Benjamín Palencia comenzó a resquebrajarse, cada artista encaminó sus pasos en distintas direcciones y algunos de ellos se vieron pronto asociados a lo que finalmente se llamó ‘Escuela de Madrid’.

Todos eran muy jóvenes y se dieron a conocer en exposiciones colectivas que organizaban galeristas con más talento que dinero. El trauma de la posguerra estaba muy presente en sus vidas y la mayoría dejaba entrever el germen de la confrontación que provocaría muchos años después la injusticia social imperante en el régimen de Franco. El único refugio seguro para ellos era la pintura.

La influencia de Benjamín Palencia se deja sentir con fuerza en la Escuela de Madrid. Agustín Redondela, Menchu Gal, Francisco Arias, Pedro Bueno... todos trabajaban con gran libertad compositiva, pero les unían aspectos como la atracción por el paisaje, elemento primordial de su pintura y un tema que les permitía sustraerse a la férrea censura de la época.

Los artistas de la Escuela de Madrid descubrieron en las áridas tierras castellanas una vía excelente para reflejar la austeridad y sencillez de sus propias vidas. Se aferraban a la tierra y trabajaron siempre al margen de las modas y de cualquier otra veleidad estética o comercial.