Lino Enea Spilimbergo (1896-1964)
Buenos Aires


Pintor, grabador y muralista, Spilimbergo es considerado una de las figuras más destacadas del panorama artístico argentino del siglo XX. Hijo de inmigrantes italianos, ya desde muy joven demuestra poseer una sensibilidad especial para el arte y con 22 años había escrito lo que llamó su "autobiografía".
Su estancia en Italia y París implicó el contacto con la más pura tradición artística europea y con todos los ismos de su tiempo. En Italia conoció la obra de maestros como Giotto, Uccello o Mantenga y en París pudo apreciar los lienzos de Cézanne y otros maestros posimpresionistas. “Para mí, después de París, Unquillo”. La frase constituye el más sincero manifiesto de lo que significó la Ciudad Luz para él.
En la carrera de Spilimbergo hay un antes y un después de su experiencia europea y así puede verse en la obra posterior a su regreso a la Argentina. Casi nada queda en ella de aquellos primeros paisajes de marcados contrastes entre la luz y las sombras. Sus nuevos murales, de reminiscencias mexicanas, reflejan su posición crítica ante la injusticia social y su pintura quiere dar testimonio de su compromiso con la libertad y la democracia.
La pintura de Spilimbergo tiene su más importante foco de atención en la figura humana, que entronca en su caso con la tradición del Arte bizantino. También sus series de terrazas transmiten una personalidad atrapada en el ensueño. A la manera de Giorgio de Chirico, contraponen realidad y ficción mediante meticulosas yuxtaposiciones de planos y recursos arquitectónicos.
Los últimos años de su vida estuvieron muy centrados en la docencia, lo que supuso una notable reducción en el ritmo de su producción plástica. La mayoría de los coleccionistas ambicionan poseer obras de esa etapa realmente espléndida en la que la estructura moderna de las composiciones no oculta las sólidas raíces clásicas de su autor. Spilimbergo es ya uno de los grandes mitos del Arte del siglo XX y una apuesta segura en materia de inversión.