Francisco San José (1919)
Madrid


Francisco San José se convirtió en uno de los más fervientes defensores de la modernidad en España reaccionando a la marcada tendencia clasicista que predominaba en su familia.
El momento clave que desencadena esta metamorfosis es su entrada en la Escuela de Bellas Artes de Madrid. Su profesor Daniel Vázquez Díaz se encarga de mostrarle los caminos que se abren en París más allá de los rigores de la Academia. Picasso, Modigliani, Matisse, Van Gogh se incorporan a su bagaje visual desbancando todo lo preexistente. Conoce a Álvaro Delgado, Gregorio del Olmo y Carlos Pascual que junto con Benjamín Palencia formaron parte de la segunda fase de la Escuela de Vallecas. Sin embargo las disensiones internas que se dieron dejan a San José y Palencia como únicos componentes de la misma.
San José ha pintado sobre toda superficie imaginable y disponible. Son los tiempos duros de la posguerra. Cartones, contrachapados, sábanas, cuartillas y expedientes de la Renfe reflejan el giro dramático de su carácter tras la contemplación del hambre, la muerte y la pobreza. Fue el pintor de las soledades y caracteres hispanos. En 1956 decide emigrar a Venezuela en busca de un éxito que no termina de llegar relegándole a la pobreza y la enfermedad.
Es una etapa de adaptación y descubrimientos. La variedad de paisanaje, una luz diferente a la peninsular y la continua Primavera de Caracas aportaron nuevos matices a su pintura porque como el propio artista ha dicho ´la pintura no se aprende nunca´.