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Oswaldo Guayasamín (1919-1999)
Quito (Ecuador)
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La vida y obra del pintor ecuatoriano son el claro reflejo de la denuncia contra la injusticia del hombre con el hombre, en particular de la situación insostenible de la población indígena de América Latina, con la que comparte lazos de sangre. Las pinturas y murales de Guayasamín manifiestan de manera ejemplar la potencia del Expresionismo cuando se aplica a la temática social. Los grandes formatos, el colorido vivo, la defensa del que sufre le acercan claramente a los presupuestos del Muralismo mejicano, pues no en vano Orozco fue maestro del pintor. Guayasamín sabe captar la esencia del hombre y así lo manifiesta en los más de tres mil retratos que ejecutó a lo largo de su carrera profesional. Su mirada certera no tiene compasión ni de sí mismo en los autorretratos.

La vocación plástica del artista aparece muy pronto. Ya en la escuela se dedica a hacer caricaturas de compañeros y maestros. Llega a pintar paisajes y retratos que vende en las plazas de su ciudad natal, Quito. La situación de miseria de la familia y la oposición paterna no impiden que en 1932 se inscriba en la Escuela Bellas Artes. Son momentos de dolor para Guayasamín ya que su amigo Manjarrés muere en una de las manifestaciones del levantamiento obrero conocido como la ‘Guerra de los Cuatro Días’. Estos sucesos dramáticos dejaron una huella profunda en el pintor que a partir de entonces concibe de manera más oscura al hombre y la sociedad en que vive.

En 1942 presenta su primera exposición individual tras haberse graduado en Pintura y escultura el año anterior. Es un verdadero escándalo que, sin embargo, le proporcionó uno de sus mecenas más importantes, Nelson Rockefeller. Ese mismo año viaja a Estados Unidos y Méjico. Aquí conoce al gran maestro muralista Orozco, del que se convierte en discípulo. La pintura de Guayasamín se impregna de muchas de las peculiaridades del muralismo del país. El colorido brillante, los grandes formatos que también trasladaría a la pared, la denuncia social... Guayasamín es una esponja que absorbe todo lo que puede necesitar para un mejor desarrollo de su obra. Gracias a esta formación es capaz de denunciar con todo el dolor e indignación la situación deplorable de la población indígena que descubre en su viaje por diferentes países de América Latina.

La obra de Guayasamín avanza en paralelo con las vivencias personales del pintor. En un primer momento se sitúa en la Edad de la Ira, etapa de dolor, desgarro y sufrimiento por las realidades nativas del subcontinente. Después llegaría la Edad de la Ternura en la que el lazo de unión madre-hijo se manifiesta como único medio para la redención del ser humano. Al final de su vida se abre la Edad de la Esperanza. El hombre tras un siglo, el XX, de guerras, muerte y miseria conseguirá crear una nueva sociedad en la que todo los seres humanos conviven en armonía.

Oswaldo Guayasamín no sólo ha sido una de las figuras más notorias de la pintura ecuatoriana sino que su fama y reconocimiento se han expandido por todo el mundo. Diferentes premios, cargos, exposiciones y la creación de su propia fundación dan clara idea del carácter indispensable de su trabajo.