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Julio González (1876-1942)
Barcelona
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La importancia de la obra de Julio González no ha tenido un reconocimiento merecido hasta tiempos recientes. La razón de este aparente olvido puede estar en la brevedad del período de mayor calidad de sus esculturas. Entre 1931 y 1939. Pero González tiene producción anterior.

La pintura y el hierro forjado estaban presentes en la familia. Su padre le enseña a trabajar el hierro. Pero Julio González decide dedicarse a la pintura tras visitar el Museo del Prado. El Modernismo y el Noucentisme son influencias claras.

En 1899 se instaló en París. Participa en el Salon de la Société Nationale y en el Salon d’Automne con joyas y pinturas. Hace algún bulto redondo utilizando materiales como el bronce, la terracota y el yeso. En 1904 entraba en contacto con la figura de Pablo Picasso, clave para el intercambio artístico posterior entre ambos. Otro acontecimiento le iba a marcar aún más en su futuro como escultor. En 1922 entra de aprendiz en La Soudure Autogène Française. Gracias a ello domina la soldadura autógena. Poco a poco su presencia artística llama la atención de algunos críticos que alaban su multiplicidad de intereses, su calidad técnica y un cierto apego a la tradición.

El detonante que hace estallar su escultura es Picasso. Entre 1928 y 1931 establecen una relación recíproca con la que ambos evolucionan. Picasso acude a González para que le enseñe el trabajo del hierro. El escultor barcelonés aprende de Picasso la importancia como material artístico de los objetos encontrados. Nuevas son a su vez las posibilidades que ofrece su acoplamiento. González toma consciencia de las particularidades del espacio y la escultura como entes tridimensionales. Nada que ver con la frontalidad de los relieves repujados anteriores. Juntos descubrieron la linealidad de la escultura y sus variaciones. El espacio empieza a penetrar en las esculturas de González, especialmente en sus cabezas y máscaras.

A partir de 1934 participó en exposiciones que obtienen una buena acogida por parte de la crítica. Asiste a ellas junto a artistas de la talla de Ernst, Giacometti, Arp, Léger o el propio Picasso. Participa en el pabellón español de la Exposición Universal parisina de 1937. La muerte de González en 1942 truncó una carrera artística que prometía dar mucho más de sí.