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Chema Cobo (1952)
Tarifa (Cádiz)
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“Yo somos dos. Yo somos gemelos". La dualidad es el leit motiv en la vida y en la carrera de Chema Cobo. La realidad es un todo del que sólo vemos una parte. Luz y oscuridad, anverso y reverso quedan simbolizados en la imagen del espejo que se convierte en puerta de comunicación entre dos mundos. El interior, onírico, fantástico, reprimido se puebla con personajes de fábula. Ranas, camaleones, loros, perros, búhos, cuervos, tortugas, liebres, búhos, monos y cerdos son protagonistas de historias dobles. Junto a ellos, objetos más o menos cotidianos adquieren tintes de misterio al aparecer desdoblados. Antifaces, máscaras, huevos, mapas, calendarios. Reflejo de lo que se quiere ocultar, del paso del tiempo y su relatividad.

Otra característica importante en Cobo es la fusión entre imagen y texto. Su formación lingüística le hace sentir un profundo interés por la palabra, sus significados y los juegos semánticos que permite. Ha creado una fusión entre humor andaluz y la filosofía del lenguaje de Ludwig Wittgenstein. Sus obras son libros de compleja lectura. La palabra ha estado presente en la pintura de Cobo desde sus primeras realizaciones. Siempre en inglés buscando universalidad. Quevedo, Shakespeare, Rabelais, Lewis Carroll, Chesterton aparecen entre imagen e imagen.

En la década de los setenta su obra es colorista y geometrizante. Ya aparece la interrelación texto - imagen. Llegados los ochenta se vuelve más sombrío y monocromático. La conceptualización va ganando terreno hasta hacer de la idea el motor generador de la plástica, de la estructuración espacial y del lenguaje incorporado. “La idea, el cerebro, guía la mano.”