Martín Chirino (1925)
Las Palmas de Gran Canaria


La esencia del Arte de Martín Chirino es bipolar. No olvida sus orígenes y sabe insertarse en las corrientes vanguardistas internacionales sin caer en localismos desfasados. El equilibrio perfecto entre ambas facetas es la clave.
Su formación plástica comienza en Gran Canaria donde recibió clases de escultura en la Academia de Manuel Ramos, discípulo de Benlliure y Capuz. Otra de las grandes presencias en su vida es Manolo Millares, amigo de infancia. En 1948 llega a Madrid. Ese mismo año se inscribía en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando donde conoce a importantes artistas del panorama informalista español como Lucio Muñoz. Los años 50 fueron una época de apertura mental. Conoce los Vanguardias a través de la escultura de Julio González y la pintura de Léger en París. Posteriormente, la obra de Moore y Hepworth en Inglaterra. Se asienta definitivamente en Madrid a partir de 1955 tras su vuelta a Canarias en 1953. La adhesión a la Vanguardia internacional tomó forma cuando en 1957 ingresa en el grupo informalista El Paso junto a Rafael Canogar, Luis Feito, Antonio Saura, Manuel Millares y Manuel Rivera. Es el momento en el que la escultura de Chirino se encuentra más alejada de las raíces canarias. Emplea la forja, procedimiento novedoso en la escultura hispana del momento. Explota al máximo sus capacidades expresivas. Llama la atención su concepción de la escultura desde dos perspectivas opuestas, linealidad y espacio.
Los 60 marcaban en la plástica un retorno a su tierra natal. Series como El viento forman parte de la idiosincrasia canaria. La espiral, motivo estrella de la serie, es un símbolo de la cultura guanche. Es imagen del viento que moldea superficies.
Los 70 son también un momento de reivindicación de la cultura canaria. El Manifiesto del Hierro (1976), el Documento Afrocán (1976) o La pintadera de 7 puntos (1977) son textos que se insertan en un contexto de recuperación en España de las identidades regionales tras la muerte del general Franco.
La obra de Chirino entronca con los más nuevos lenguajes que surgen en Europa y Estados Unidos durante el siglo XX. Ya en la década de los 60 fue llamado a exhibir su obra en el MoMA de Nueva York, y junto a Oteiza, Tàpies y Tharrats expuso también en la Galeria Gres de Washington.
Martín Chirino fue presidente del Círculo de Bellas Artes de Madrid entre 1983 y 1990. También director del Centro Atlántico de Arte Moderno de las Palmas de Gran Canaria entre el 1989 y 2002.
Sus obras se encuentran en las más importantes colecciones del mundo y la cotización de su firma no deja de subir en las más prestigiosas casas de subastas.