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John Baldessari (1931)
National City
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John Baldessari es uno de los creadores más influyentes del siglo XX y su huella ha quedado sobre la obra de varias generaciones de artistas. Fascinado por los diferentes mecanismos de la comunicación humana, sus juegos de textos con imágenes constituyen el primer ejemplo del Arte conceptual, mientras que las series fotográficas figuran entre las obras pioneras del Arte de la apropiación.

El artista californiano no aborda el lenguaje escrito como un elemento visual. Los textos que inserta en el lienzo están ahí para ser leídos, por lo que cualquier nota sobre la pintura sustituye a la pintura misma. También es primordial en sus creaciones la noción de temporalidad, que él concreta mediante la utilización de múltiples fotogramas a modo de secuencia.

Harto de disquisiciones sobre lo que es Arte y lo que no lo es, Baldessari contrató a diseñadores publicitarios a los que pidió que pintaran sobre fotografías de una mano que señalaba hacia cualquier cosa. "Intento ser un no-artista", explicaba entonces para justificar una serie que trataba de poner en cuestión el concepto de autoría a la vez que aludía a una crítica en la que se afirmaba que el Arte conceptual consiste en señalar.

Como antítesis al Arte Pop, Baldessari adoptó una actitud antiheroica a base de documentar acciones ingeniosas en lugar de monumentalizar sus temas. En 1966 decidió fotografiar un barrio obrero para obtener imágenes más mundanas que espectaculares. A menudo las hacía desde el interior del coche, mientras conducía, sin mirar por el visor de la cámara. Después ampliaba esas fotos y las transfería a las telas para pintar encima textos igualmente prosaicos que identificaran cada lugar. Esas piezas, que combinan fotos y textos, marcaron un punto de inflexión en su trayectoria creativa.

Badessari evolucionó después hacia la eliminación de esas imágenes para dejar sólo textos sobre las telas, como ocurre en ‘Clement Greenberg’ (1968), obra que postula al Arte como una actividad que tiene más que ver con el impacto estético que con las ideas. Curiosamente, en ‘Everithing is Purged...’ (1968), defiende todo lo contrario.

Pero, seguramente sea su proyecto más significativo el que destruyó en 1970 la mayor parte de su producción de los años anteriores. Lo tituló ‘Cremation Project’ y quiso simbolizar con él su renacimiento artístico frente a las dudas que tenía respecto al Arte dominante en aquella época. Baldessari guardó las cenizas de las piezas quemadas en una urna con forma de libro que ahora se suele exhibir en sus exposiciones.

Si en los años 60 producía, sobre todo, óleos sobre tela, y en los 70 componía a base de fotografías y retazos de otras creaciones, en los 80 comenzaron a aparecen puntos de colores sobre los rostros de sus personajes para acentuar el anonimato de los mismos y obligar al espectador a centrarse en otros aspectos de la escena. En obras posteriores, las manchas de color tapan la totalidad de los personajes hasta el punto transformar la figura humana una abstracción.

Unas y otras destilan un sentido del humor que nos aleja de la consideración del Arte de Vanguardia de la segunda mitad del siglo XX mediante la utilización de iconos de la cultura popular, aunque Baldessari negó siempre que el humor sea para él “un objetivo o una meta”. El hecho de que los críticos asocien su obra con tal circunstancia le lleva a pensar en una similitud con Miguel de Cervantes, del que “no sabemos si quiere hacernos reír o pretende ser un escritor serio".

Baldessari ha desarrollado una intensa labor pedagógica en el Instituto Californiano de las Artes (Cal Arts), donde formó a artistas tan reconocidos después como Matt Mullican o Rita McBride. Sus obras se encuentran en los más importantes museos del mundo y en 2009 fue galardonado con el León de Oro de la Bienal de Venecia.