Manuel Rivera (1928-1995)
Granada


¿Escultura pictórica o pintura tridimensional? La obra del artista granadino resulta muy difícil de clasificar. Manuel Rivera ha trabajado con las artes gráficas, la pintura tradicional y el montaje escénico. Pero, sin duda, la producción más conocida son sus composiciones a base de mallas metálicas tensadas sobra bastidor. Los orígenes de esta técnica en Rivera son anteriores a la fundación del grupo El Paso, avanzadilla vanguardista del Informalismo en España. El material en sí mismo y sus potencialidades expresivas son los dos aspectos que dominan las diferentes series que emprende. La malla metálica olvida su origen humilde para convertirse en vehículo de sentimientos y lirismos de toda clase.
La vocación plástica de Manuel Rivera se manifiesta tempranamente. Por eso su padre le envía al taller del imaginero Martín Simón. Allí aprende las claves de la talla en madera y el modelado del yeso. Sin embargo las posibilidades que la escultura le ofrece parecen no ser suficientes y emprende el camino de la pintura. La Escuela de Artes y Oficios de Granada y la Escuela de Bellas Artes de Sevilla completan su formación académica. La futura evolución del artista ya se puede intuir a pesar de que en estos momentos su obra se orienta hacia el paisaje y el retrato de corte tradicional. El año 1953 marca el comienzo del cambio hacia la Abstracción gracias a la invitación que recibe de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo para asistir al Curso Internacional de Arte Abstracto. Allí conoce a los futuros compañeros de El Paso, grupo que formó en 1957 junto a Saura, Millares, Feito, Francés, Suárez, Chirino, Canogar, Serrano y los críticos José Ayllón y Manuel Conde.
La malla metálica irrumpió en la obra de Rivera en 1956. La pintura al uso se ve desplazada por esta nueva concepción del mundo pictórico en la que el espacio no es una mera ilusión. Primero sobre bastidores de madera, de metal después, consigue extraer de la malla toda una serie de iridiscencias que hubieran resultado inimaginables pocos años antes. Rivera parte siempre de un referente figurativo a pesar de la Abstracción evidente de su trabajo. No concibe la creación de formas a partir de la nada. Además la ferviente admiración que siente por artistas de la tradición española como Goya hace que sus mallas plasmen el dramatismo blanquinegro de los grabados del pintor aragonés. Pero Rivera maneja con igual soltura el color y la sensibilidad de los mundos orientalizantes. Series como ‘Metamorfosis’ (1958), ‘Espejos’ (1966), ‘Mandala’ (1974) y Las Albercas (1980) son un claro ejemplo.
El reconocimiento de Rivera es nacional e internacional. Sus mallas metálicas pueden verse en museo tan importantes como el MoMa y el Guggenheim neoyorquinos, la Tate Gallery londinense y el Reina Sofía en Madrid. Premios, galardones y reconocimientos abarrotan el currículum del artista granadino. Recibió, entre otros muchos, la Medalla al Mérito en las Bellas Artes en 1981.