Manolo Millares (1926-1972)
Las Palmas de Gran Canaria


El ser humano, sus sufrimientos e injusticias emergen a partir de la humilde arpillera. El tejido áspero se contorsiona, desgarra y cose para engendrar seres nacidos de una pesadilla demasiado real. Millares es un artista comprometido con la realidad que le ha tocado vivir. No duda en denunciar la falta de libertad a través de su obra, aunque él no crea demasiado en su posibilidad de existencia. El período más creativo de Millares sólo dura quince años, suficientes para conquistar la admiración del mundo del Arte dentro y fuera de España.
Los inicios plásticos de Manuel Millares, más conocido por Manolo, no son especialmente espectaculares. Está atrapado entre el Arte Oficial y el aislamiento español de las corrientes de vanguardia tras la Guerra Civil. Sin embargo, pronto entra en contacto con ambiente más innovadores que le permiten adentrarse en un Surrealismo cercano a Dalí. Pero su carrera artística está todavía en sus inicios y Millares continúa explorando las posibilidades de la pintura. Así, del Surrealismo pasa a un Expresionismo fundamentado en el dinamismo de la línea y la fuerza del color.
En el artista canario se fusionan dos tendencias que, aunque en principio pueden parecer contradictorias, dan como resultado una obra original. La cultura guanche autóctona del archipiélago entra en relación con las corrientes internacionales. Surgen así las ‘Pictografías’ de comienzos de los años cincuenta. Ya en ellas se puede apreciar el germen de la importancia que el soporte va a ganar en su obra posterior. Son superficies preparadas para pintar, son ‘pintaderas’ que entroncan con la tradición canaria. Símbolos, grafías, signos de aire prehistórico se reparten por la superficie pictórica interaccionando con ella. El surrealismo mironiano y la obra de Klee tapoco parecen ajenos a esta etapa de Millares. La arpillera empieza a reclamar su lugar preeminente desde 1953, si bien su triunfo definitivo se produce en 1956. La tela comienza a coger volumen, a convertirse en algo más que un mero añadido. Su protagonismo es tal que llega a dudarse de la condición de su obra, ¿pintura o escultura?. Pero va más allá. De entre los pliegues comienzan a surgir formas humanoides que gritan de dolor y angustia. Todo ello potenciado por el negro, rojo y blanco que chorrean la tela.
Es la época de fundación del grupo El Paso. En 1957 participa en la creación del mismo junto a otros grandes del Informalismo español como Feito, Saura, Canogar, Francés y Suárez, entre otros. Millares se convierte en uno de los representantes de la pintura española del oscurantismo y lo dramático, cercano a la tradición goyesca. Al final de su vida el blanco irrumpe con fuerza en la obra aportando la claridad que Millares también sabía trabajar.
La muerte prematura de Millares en 1972 pone fin a una carrera llena de éxito profesional, exposiciones y reconocimiento mundial. La obra del artista canario se puede encontrar en las mejores pinacotecas internacionales.