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Andreas Gursky (1955)
Leipzig (Alemania)
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La pintura flamenca parece renacer transformada en fotografía. Gursky es un amante de los grandes formatos pero ello no le impide reproducir los detalles con una minuciosidad inaudita. Los espacios elegidos responden habitualmente a zonas urbanas, a entornos que manifiestan de algún modo la presencia humana. Plazas, rascacielos, estaciones, bares... lugares en los que el fotógrafo más cotizado de la Historia puede plasmar la tensión existente entre el individuo y la colectividad. La obra de Gursky refleja los cánones de la sociedad capitalista occidental para poder analizar cuáles son las claves de la modernidad.

La vocación del artista alemán por la fotografía no es gratuita. Su padre, Willy Gursky, le enseñó los rudimentos del oficio una vez que la familia se instaló en Düsseldorf. Pero la formación de Andreas Gursky no se iba a detener ahí y la complementó entre 1977 y 1987. Los dos primeros años acudió a la Folwangschule de Essen, escuela que había creado Otto Steiner. Allí asumía la libertad creadora propia de la tradición documental alemana, contraria a las directrices estéticas de la fotografía comercial. La estancia en la Staatliche Kunstakademie de Düsseldorf le permitió acceder a un tratamiento totalmente aséptico de la imagen. Partiendo de la misma premisa estética, crea junto a Petra Wunderlich, Thomas Ruff, Cándida Höfer y Tata Ronkholz la Nueva Escuela de Fotografía Alemana. Desde entonces, la obra de Gursky empieza a ser estimada. Europa y Estados Unidos reclaman la presencia del fotógrafo en sus espacios expositivos más importantes.

En la década de los noventa abandona la frialdad de la fotografía documental iniciando una vía estética de lo Sublime con imágenes que deben conmover intensamente al espectador. El ordenador se convierte, entonces, en una herramienta indispensable para alterar la imagen mediante perspectivas que se agudizan, detalles que adquieren una intensa nitidez, horizontes que varían su orientación... Realidades alternativas dentro de la misma realidad. Se trata de un eclecticismo que sitúa su obra dentro de las producciones más sobresalientes de la Postmodernidad.

Andreas Gursky ha logrado elevar la fotografía a unos niveles de consideración artística difícilmente imaginables años atrás. Los precios elevadísimos y las exposiciones organizadas por el MoMa de Nueva York (2001), el Centro Reina Sofía en Madrid (2001) y el Centro George Pompidou de París (2002) así lo demuestran.