arteselección
Mariano Fortuny (1838-1874)
Reus (Cataluña)
imprimir
imprimer
El pintor catalán fue uno de los artistas más cotizados de mediados del siglo XIX. La perfección del dibujo, su preocupación por la luz y el color, el detallismo de sus trabajos y la plasmación de temas ingenuos en los famosos ‘tableautins’ de la pintura de gabinete provocaron que la demanda de cualquier trabajo firmado por Fortuny fuese adquirido con verdadero fervor. El enorme éxito que alcanzó en vida se convirtió en su jaula dorada. El aumento de la demanda le impidió desarrollar nuevos lenguajes plásticos con los que liberar su creatividad. Barcelona, Madrid, Roma, París y Marruecos se convirtieron en los escenarios de una vida breve que imposibilitó la evolución de uno de los artistas más capacitados de la Historia del Arte.

Fortuny había manifestado sus dotes e interés por la pintura desde muy pequeño, por lo que desde los nueve años ya asistía a clases de dibujo en la Escuela de Reus. Mariano Fortuny queda al cargo de su abuelo cuando su padre emigra a Barcelona tras la muerte de la madre. La figura de su abuelo resulta clave en la potenciación de las dotes plásticas del nieto. Él le llevó a los talleres de Domingo Soberano y Antonio Bassa, pintor y platero miniaturista respectivamente. Pero la enseñanza oficial la llevó a cabo en Barcelona a partir de 1852. El escultor Domingo Tallam consigue que Fortuny entre en la Escuela de Bellas Artes de la Lonja sin pagar la matrícula. Aquí contacta con el Nazarenismo Catalán a través de uno de sus profesores: Claudio Lorenzale. Es una época en la que predominan los temas históricos, míticos y sagrados siempre bajo su estilo impecable.

Una beca de la Diputación de Barcelona le permite residir dos años como pensionista en Roma. La vida de Fortuny empieza a cambiar a partir de su llegada en 1858. La pintura de Rafael y los ‘macchiaioli’ florentinos le influyen en los trabajos que emprende. Marruecos es el otro gran influjo en la obra de fortuny. En 1860 llega a Tetuán como cronista de las hazañas bélicas del ejército español en su guerra contra Marruecos. La luz, el paisaje, sus gentes... todo le cautiva liberándole de cualquier prejuicio académico. La atracción por lo oriental es un aspecto que nunca abandonaría ya su obra.

A partir de 1861 la fama de Fortuny comienza su ascenso imparable. La buena venta de su obra también se debe al contrato que firma con el marchante de Arte Adolphe Goupil que consigue en 1869 que Fortuny y su familia se trasladen a París de manera estable. Finalmente regresó a Granada ante la inestabilidad que iba a producir la Guerra Franco-prusiana. La imposibilidad de escapar a unas ventas que le reportaban enormes sumas de dinero pero poca alternativa creativa le sumen en una profunda depresión.

La muerte de Fortuny en Roma supuso un duro golpe. A los funerales asistieron multitud de artistas y personajes del mundo del Arte para despedir a uno de los grandes genios de la pintura hispana e internacional.