Tracey Emin (1963)
Londres


Una artista que exhibe los aspectos más sórdidos de su vida sin temor a parecer vulgar. Ella misma se califica de “alcohólica, neurótica, psicótica y degenerada”, aunque sospecha que “si otras personas se cuestionaran a sí mismas, seguramente llegarían a la misma conclusión”. Tal vez por eso, sus seguidores se cuentan por miles, particularmente entre las mujeres con menos de 25 años. Algunos críticos creen que ese influjo se debe a que Tracey Emin retrata la cultura predominante a principios del siglo XXI, cuando ser famoso significa poco más que haber aparecido en algún reality-show en el que la gente discute, se insulta y se aparea.
Tracey Emin nació en Londres pero creció en Margate, una pequeña localidad costera al sur de la capital. Nunca terminó sus estudios elementales, aunque recibió clases en el Royal College of Art. La “niña terrible” descubierta por Charles Saatchi a principios de los años 90 no sabe dibujar, pero tiene una audacia asombrosa. En 1995 expuso una instalación que contenía los nombres de más de cien hombres con los que había mantenido relaciones sexuales a lo largo de su vida. Quienes pretendían leerlos se vieron obligados a arrastrarse para entrar en la tienda de campaña en cuyas paredes habían sido bordados. En 1999 también atrajo la atención de los medios de comunicación de masas con una instalación expuesta por la Tate Gallery de Londres en la que se veía una cama con las sábanas manchadas y cubierta de condones, botellas medio vacías y otros objetos alusivos a una intensa actividad sexual acompañada de todo tipo de excesos. Se titulaba ‘Mi cama’ y la Dirección del museo se sintió obligada a colocar un cartel a la entrada advirtiendo que la muestra “podía herir la sensibilidad de algún espectador”.
El Arte de Tracey Emin es cerrado, nostálgico y atormentado, fruto de experiencias muy duras, como la violación que sufrió cuando tenía 13 años. También de los sucesivos abortos que provocaron una esterilidad a la que se refiere a menudo en sus trabajos. Sus críticos más mordaces la acusan de victimista, egocéntrica y obsesionada con el sexo, pero sus obras parecen ejercer un efecto hipnótico sobre personas que previamente las habían descalificado sin piedad. Exhibicionista hasta la extenuación, Emin se ha fotografiado desnuda en numerosas ocasiones y ha mostrado sin rubor el interior de sus genitales mediante fotografías realizadas con una cámara Polaroid.
Desde los 44 años es miembro de la Royal Academy of Arts de Londres, a pesar de las protestas de académicos más veteranos y en 2007 representó a Gran Bretaña en la Bienal de Venecia. Un año después, la Scottish National Gallery of Modern Art de Edimburgo le dedicó una gran retrospectiva que ha sido reclamada por museos de otros países como España y Suiza. Sus dibujos, grabados, fotografías e instalaciones forman parte de importantes colecciones públicas y privadas de todo el mundo. También sus obras de luz de neón y las mantas con bordados que aluden al amor, el sexo y la religión.