Salvador Dalí (1904-1989)
Figueres, Girona


Si algo ha elevado a la categoría de mito del siglo XX al artista catalán es el hecho de que no ha dejado impasible a nadie. Defensores y detractores produjeron verdaderos ríos de tinta sobre su persona, obra, actitud política y sexualidad. Ha sido capaz de dar un nuevo giro a la concepción de artista. No sólo debe ser un buen pintor sino que tiene que gozar de una enorme popularidad. Dalí conoce a la perfección las mitologías de la sociedad y los artificios del escándalo como persona extremadamente inteligente que fue.
Tenía las cualidades intelectuales y plásticas de un verdadero genio. Pero una mente tan inquieta no podía quedarse con Cadaqués y la familia como únicos referentes. Investigó sobre grandes figuras del Arte de las que admiraba ciertos aspectos. Zurbarán, Velázquez y Veermer le aportaron una perfección técnica sin igual. Los estudios anatómicos, la brillantez de colorido y la creación de atmósferas irreales vienen inspiradas por las figuras de Miguel Ángel y El Greco. Durero y Goya son reconocibles en obras gráficas donde lo grotesco, lo fantástico y sombrío son plasmados con una calidad impecable.
El Impresionismo, Noucentisme catalán o una pintura cercana al Realismo clasicista mediterráneo forman parte de sus primeras producciones. Dalí siempre demuestra la innegable calidad de su pintura. Sin embargo, la Vanguardia irrumpe en su obra y en la actitud vital. En el Manifest Groc de 1928 critica la cultura tradicional catalana y las formas de Arte clásicas. Junto a él firman Sebastià Gasch y LLuís Montanyà. Picasso, Gris, Chirico, Brancusi y Miró les inspiran. París es el epicentro cultural del momento y allí toma contacto definitivo con el movimiento de Vanguardia por el que es más conocido. Los surrealistas, con Breton al frente, quedan hechizados por la extravagancia de Dalí.
El lienzo se convierte en el diván artístico en el que expresar todas las inquietudes inconscientes desde la racionalidad. Es la aplicación práctica de su método Paranoico-crítico que consiste en un ”método espontáneo de conocimiento irracional basado en la objetivación crítica y sistemática de las asociaciones e interpretaciones de los fenómenos delirantes.” Al mundo daliniano de la podredumbre, la destrucción de la materia, el tiempo, las frustraciones sexuales y obsesiones de toda índole se añade una figura femenina. Gala se convierte en musa y compañera.
Dalí se permite dar un nuevo giro de tuerca tras la ruptura con el grupo surrealista y su aventura americana. Vuelve a valores tradicionales, temáticos y representativos. Criticado por ello, dijo “un gran pintor sólo está autorizado a retomar la tradición después de haber hecho la revolución, que no es más que la búsqueda de la propia realidad.”
Su muerte en 1984 privó al mundo del Arte de una de sus figuras imprescindibles.