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Miguel Ángel Campano (1948)
Madrid
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La evolución continua es la característica que define la trayectoria profesional del pintor madrileño. Abstracción Geométrica, pintura gestual, Figuración, pintura minimalista... Miguel Ángel Campano se atreve con todo, incluidos los clásicos de la pintura y la poesía internacionales. Cézanne, Delacroix y Poussin se mezclan con la fuerza poética de Lautreamont, Baudelaire, Lorca y Rimbaud. Todo potenciado con un uso del color que coge toda la gama, desde la riqueza más brillante hasta la simplificación extrema de blancos y negros. Si a algo no se somete Campano es a la catalogación rígida de su obra. Su objetivo vital es pintar, de la forma que sea.

Los comienzos plásticos del pintor lo sitúan en las cercanías del Informalismo preponderante en la década de los sesenta. Pero, como va a ser común a lo largo de su trayectoria profesional, los setenta se inauguran con un giro hacia la Abstracción Geométrica. En ello tiene mucho que ver la influencia de algunos de los miembros del Grupo de Cuenca como Torner y Rueda. Las obras producidas durante un período aproximado de unos seis años reflejaron las perfectas dotes de Campano para la organización de masas, espacios y colores. Aspectos que nunca pierde en trabajos posteriores. En 1976 se traslada a París, hecho que provoca una nueva mutación estilística. Atrás queda la rigidez constructiva para dar paso a una Abstracción mucho más espontánea. En ella se percibe la acción del pintor sobre el lienzo, los rastros que el pincel deja a su paso tras liberarse de la carga matérica. En esta etapa se acerca a posiciones relacionadas con el Action Painting americano de los años cuarenta y cincuenta.

La recuperación y reinterpretación de tendencias del pasado no es algo extraño en Campano. Por eso, en una nueva vuelta de rosca, organiza su obra en series a partir de los ochenta. Series relacionadas con grandes pintores de la Historia del Arte como Delacroix y Cézanne. Sus obras le sirven de inspiración para recrearlas y dotarles de un nuevo significado estético y semántico. Pero esta recuperación no implica que la Abstracción haya quedado fuera de los intereses de Campano. El pintor, como un malabarista, pone en movimiento diferentes líneas de expresión alternándolas, jugando con ellas... para reinventarse de nuevo con una pintura minimalista en la década de los noventa. La India opera en Campano un cambio radical hacia la sencillez, la limitación del color y la repetición de formas. Aspectos que en lo último de su producción ya han quedado atrás para dar paso a una nueva recuperación del color.

El prestigio y reconocimiento de Campano es internacional. En España exposiciones retrospectivas como la del IVAM (1990) y la de la Casa de Velázquez en Madrid (1999) dan prueba de ello. En 1996 se le concede el Premio Nacional de Artes Plásticas.