Manuel Viola (1916-1987)
Zaragoza


"Soy un poeta fracasado. Esto de convertirme en pintor fue un accidente."
Pintor, poeta, aventurero... Manuel Viola, siempre fiel a sí mismo, se reinventaba constantemente en un continuo ir y venir de Zaragoza a Lleida, de Lleida a Barcelona, de allí a París, y después a Normandía, y al mundo entero, exposición tras exposición.
Sus lienzos son estallidos de luz y color que traen a la memoria explosiones estelares en el espacio exterior. Su fuerza creativa queda plasmada en la agresividad de una pincelada que gira y se retuerce a velocidad vertiginosa para canalizarse finalmente en estilizadas trayectorias de escape. Es la batalla constante entre la luz y la sombra que tiene al lienzo por escenario.
La vocación artística de Viola surge temprano, allá por 1933, y la vive con intensidad en la revista ‘Art,’ fundada por él mismo junto a Leandro Cristòfol y Gràcia Llimona. Allí publica poemas y también redacta textos sobre música y artes plásticas. El estallido de la Guerra Civil le lleva a alistarse en el bando republicano y después a París, como tantos otros derrotados. Allí conoce a Pablo Picasso y a Benjamin Péret, el más grande poeta surrealista, y colabora en ‘La main à la pluma,’ la revista que dirigida Paul Éluard.
Su carrera como pintor se inicia en Normandía, en 1941, y a su regreso a París amplía el círculo de sus amistades con personalidades de la talla de Francis Picabia, Pierre Soulages, Camille Bryen o Hans Hartung. En 1949 decide volver a España, donde unos años más tarde se integra en el Grupo El Paso junto a Antonio Saura, Martín Chirino, Luís Feito y Manolo Millares, entre otros artistas. Es entonces cuando comienza a realizar sus excepcionales obras expresionistas y reivindica las pinturas negras de Goya como fuente de inspiración.
En 1972 se celebra su primera exposición antológica en Zaragoza y dos años después de su fallecimiento, en 1989, la ciudad que lo vio nacer insiste con otra excepcional antológica para rendirle homenaje póstumo.
La obra plástica de Manuel Viola cala hondo por su violenta gestualidad y la poderosa energía de sus cuadros forma parte ya de las mejores colecciones del mundo. Aldo Pellegrini dijo una vez de sus pinturas que “ofrecen el espacio ideal para recorrer la libertad.”