Cristino de Vera (1931)
Sta Cruz de Tenerife (Canarias)


“La vía para todas las artes es silencio, austeridad, concentración y un amor infinito a lo que estás haciendo.”
Así es el mundo que recrea en su trabajo más conocido. Ambientes íntimos que reflejan visualmente una continua reflexión sobre una de las certidumbres de la vida: la muerte. La técnica minuciosa, puntillista consigue recrear un ambiente congelado. De Vera actualiza un género tan importante en la pintura española como el de la ‘vanitas’. No sólo la reflexión está presente, la delicadeza poética de su austera pintura conmueve lo más profundo del alma.
Cristino de Vera nunca se ha desligado de su tierra natal a pesar de haberse instalado en Madrid en 1951. En la capital complementa la educación artística que había llevado a cabo en la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de Tenerife. La Escuela de Bellas Artes de San Fernando, el Círculo de Bellas Artes y el Taller de Vázquez Díaz son los tres ámbitos que simultanéa en su formación. Las primeras tentativas plásticas que hace se aproximan a un Expresionismo de enorme colorido. Pero la influencia de Vázquez Díaz no tarda en dejarse notar a través de una mayor sobriedad en la paleta. De Vera consiguió entrar en los ambientes artísticos madrileños gracias a dos exposiciones celebradas en 1952 y 1954. La primera en una colectiva que tiene lugar en la galería Xagra. La segunda es su primera individual en la galería Estilo.
En los sesenta la cultura visual del artista se amplía gracias a la beca que la Fundación Juan March le concede. Holanda, Bélgica, Italia y Francia le permiten acercarse a otras realidades que asimilar. Van Gogh, Cézanne, Giotto y Fra Angélico son Maestros que le van a influir estética y espiritualmente. Calaveras, cuencos, mujeres ascéticas, halos de misterio que envuelven una realidad simbólica... pero todo mostrado sin excesos, sin artificios, con la más absoluta sencillez. Los bodegones y figuras de Cristino de Vera trasmiten una religiosidad verdadera, la del propio individuo que reflexiona sin la necesidad de la institución, que encuentra dentro de sí las posibles respuestas a preguntas arquetípicas.
En 1998 recibe la Medalla de Oro de las Bellas Artes y el Premio Nacional de Bellas Artes. La obra de este canario internacional se ha expuesto en los más prestigiosos museos y certámenes internacionales como Arco, la Bienal de Venecia, el Museo Reina Sofía de Madrid y un largo etcétera. En 2005 se le concede el Premio Canarias de las Bellas Artes.