Manolo Valdés (1942)
Valencia


La intemporalidad de la imagen como eje de la experiencia visual determina la producción artística de Manolo Valdés. Intemporalidad, imagen y materia en una obra cuyo camino discurre entre el Arte pop y el Arte matérico, entre el compromiso social y político y la constante búsqueda de la reinvención.
Su paso por la Academia de Bellas Artes de San Carlos le permitió contactar con los jóvenes creadores del momento, entre los que se encontraba Rafael Solbes, con quien fundó el Equipo Crónica en 1964 junto a Joan Toledo. Como El Paso o Dau al Set, el Equipo Crónica es uno de los referentes del Arte español de la segunda mitad del siglo XX, lo que hace prácticamente imposible disociar a Valdés de ese colectivo un cuarto de siglo después del fallecimiento de Solbes y la consiguiente disolución del Equipo. Desde aquel 1981, Manolo Valdés inicia una andadura en solitario intensamente marcada por la vida en Nueva York donde establece su estudio, un paraíso privado en el que recrea su universo personal.
Tanto en su primera etapa con el Equipo Crónica como en su posterior desarrollo en solitario, la imagen es una constante más allá del concepto. Al principio evidencia estrechos vínculos con el lenguaje del Pop Art norteamericano y acude a la figuración como mecanismo de denuncia social desde el compromiso político. Son obras llenas de sentido del humor, incluso sarcásticas, en grandes formatos y de un cromatismo plano.
Una vez en solitario, Manolo Valdés se aparta de la ironía lineal para interpretar la imagen como símbolo y vehículo de contacto entre la obra de Arte y el espectador. Para ello continúa sirviéndose de las creaciones de grandes maestros de la Historia del Arte como Velázquez, Rembrandt o Goya a los que reinterpreta en juegos visuales que indagan en la memoria cultural. Como él mismo ha dicho, “la pintura se aprende de la pintura”.
La producción de esta segunda etapa artística de Manolo Valdés abarca también abundante obra gráfica y escultura, cada vez de mayor tamaño, y en ella se aprecia un acusado giro hacia la corporeidad y cierto tinte informalista. La materia aporta una gran sensualidad a su obra de los últimos años y los soportes adquieren un inusitado protagonismo con roturas y reconstrucciones que le aportan dramatismo. Los colores dejan de ser planos para llenarse de matices.
Valdés no ha dejado de indagar y reinventar el Arte a lo largo de su dilatada carrera en una actitud insaciable de experimentación conceptual y plástica. Fruto de ello es el reconocimiento unánime de la crítica y de un público cada vez más numeroso ante sus obras que cuelgan en los grandes museos o se exhiben al aire libre en los parques y jardines de las grandes ciudades.