Juan Soriano (1920-2006)
Guadalajara


Precoz, polifacético y poseedor de una técnica privilegiada, Juan Soriano hizo de sus pinturas y esculturas la expresión visible de su trayectoria vital. Quizá por ello resulta tan variada y sorprendente como se puede comprobar en museos del mundo entero.
Su talento precoz hizo que lo llamaran “el Mozart de la pintura” cuando sólo tenía ocho años. En aquella primerísima etapa el pequeño Juan se inspiraba en pintores como Chucho Reyes o Luís Barragán, aunque fueron Lola Álvarez Bravo y José Chávez Morado quienes le animaron a trasladarse a la capital para continuar su formación en Bellas Artes.
Soriano tenía 15 años cuando llegó a México DF con la sola compañía de su hermana mayor. Allí empezó a relacionarse enseguida con grandes maestros como Diego Rivera, Frida Kahlo y José Clemente Orozco que le ayudaron a forjar un estilo mucho más atento a su entorno que a la Historia del Arte.
Gran influencia tuvieron también sobre Juan Soriano los intelectuales y artistas que se exiliaron en México tras la Guerra Civil española. El recuerdo de Luís Cernuda, León Felipe o María Zambrano fluía a borbotones cuando al recibir en Madrid el Premio Velázquez de las Artes 2005 dijo que aquella gente “dio sustancia a México, lo nutrió y enriqueció”.
Irónico, desenfadado, incluso irreverente, era muy famoso también por su sentido del humor. La Generación Mexicana de la Ruptura lo reconocía como uno de los suyos por su frontal rechazo al Naturalismo imperante en los años 40 y por su libérrima concepción del proceso creativo.
A principios de los años 50 viaja por Italia y Grecia. De esa época son algunos de los grandes autorretratos de Juan Soriano y sus alegorías de Apolo y Las Musas. La influencia del Arte micénico y el Renacimiento se hacen patentes en una producción pictórica que empieza a ser tan celebrada en Europa como en su propio país y en las celebradas escenografías que diseñó para el grupo ‘Poesía en Voz Alta’.
En 1974 se traslada a París, donde ya no dejaría de pasar largas temporadas todos los años. Allí se hizo muy amigo de Antonio Saura y se entregó a la pasión creciente por la escultura. Sus creaciones de los últimos 30 años han sido muy aplaudidas por la crítica y los coleccionistas se disputan sus obras cuando raramente aparecen en las subastas.
El Arte de Juan Soriano atrae de manera irremisible al espectador por la profundidad y el intenso lirismo que provocan percepciones inauditas de conceptos que hasta entonces parecían intangibles.