Santiago Rusiñol (1861-1931)
Barcelona


Es uno de los ejemplos más sobresalientes del Modernismo catalán tanto pictórico como literario. En seguida descubre que su verdadera vocación se encuentra en la pintura. Así, tras unos comienzos autodidactas, empezó a tomar clases. No tardan en verse los resultados pues con diecisiete años expone por primera vez en el Museo de Girona. Un año después lo hace en la Sala Parés de Barcelona.
En general la obra de Rusiñol se puede dividir en tres momentos. El primero de ellos se extiende entre 1875 y 1889. Se trata de un momento en el que el pintor practicó un tipo de pintura que entronca con el Realismo y el Naturalismo. Tendencias predominantes en Cataluña que le relacionan con la obra de pintores como Vayreda y Olot. Por ello no se puede hablar de rupturismo en la obra de estos años. Por contra, sí es importante la relación de amistad que entabla con el pintor Ramón Casas.
La segunda etapa arranca con su viaje a París en 1889 y finaliza en 1899. Allí reside en el barrio de Montmatre junto a Zuloaga, Utrillo, Clarasó y su inseparable Casas. Este segundo período, llamado modernista, muestra sin embargo la evolución y paso de Rusiñol por tres momentos distintos. Primeramente se acercó a una pintura de tipo impresionista de tonos apagados muy influenciada por Whistler. Una serie de obras marcaban la llegada del Modernismo propiamente dicho a su pintura; “La cocina o El laboratorio del Moulin de la Galette” (1890), “Le Grand Bal” (1891) y el “Retrato de Erik Satie” del mismo año. Son imágenes en las que el mundo cotidiano se mezcla con una suave melancolía creando una atmósfera muy del gusto modernista. Se presenta también la preocupación por la estructuración de la escena, la implicación del espectador en lo representado y unos encuadres novedosos. Finalmente, tras su viaje a Italia de 1894, hace una incursión en la pintura de corte simbolista. Pinta tres alegorías sobre “La Pintura”, “La Poesía” y “La Música”. En ellas las referencias literarias cobran una fuerza que hasta entonces no habían tenido en la obra de Rusiñol. La imagen adquiere una nitidez que parece congelar la escena. Con todo, éste fue el único y breve acercamiento del pintor catalán al Simbolismo.
Son años de intensa actividad para Rusiñol. Es uno de los principales participantes en las actividades culturales entorno al Modernismo que se organizan en la taberna Els Quatre Gats entre 1897 y 1903. También Sitges conoció su alegría y buen humor a través de las fiestas Modernistas que organiza. En esta población funda su estudio llamado el “Cau Ferrat”.
Sin embargo, en una serie de viajes que le llevan a Granada los años 1895, 1897, 1898 y 1900, Rusiñol se inicia en la pintura de jardines. Se trata de una pintura en la que Rusiñol pone el acento en la belleza del jardín más que en su concepto de naturaleza. Fue una temática que no abandonó hasta su muerte en 1931.