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Gerhard Richter (1932)
Dresde
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Un artista camaleónico, inclasificable, considerado por algunos como el Picasso del siglo XXI. Richter ha transitado del Informalismo al Realismo y de éste al Expresionismo Abstracto con una facilidad sorprendente, aunque él nunca diera la menor importancia a ese dominio prácticamente absoluto de los diferentes lenguajes pictóricos.

Fue en Dusseldorf donde conoció al grupo Fluxus y también la obra de artistas fundamentales como Jean Dubuffet, Alberto Giacometti y Jean Fautrier. Hasta allí se había trasladado desde su ciudad natal sólo unos meses antes de que el régimen comunista de la Alemania del Este levantara el muro de Berlín. En la década de los 60, él mismo encabezó un grupo de artistas que satirizaba esa realidad política basada en la Guerra Fría a través de lo que se denominó “Realismo Capitalista” y que no era otra cosa que una de las muchas variaciones del Arte Pop.

Su genialidad y forma personalísima de representar la realidad obliga al espectador a entender la vida con una claridad que estremece y su dominio de las diferentes técnicas pictóricas sólo es comparable a la riqueza de su paleta de colores y a la pluralidad de asuntos que es capaz de tratar sobre el lienzo. Si bien es cierto que el paisaje ha predominado a lo largo de toda su carrera, también lo es que siempre acaba volviendo a las composiciones abstractas e incluso al retrato.

Gerhard Richter se ha hecho un hueco en la Historia del Arte como uno de los creadores más buscados por sus contemporáneos, lo que lo convirtió durante los primeros años del siglo XXI en el artista más caro de cuantos permanecían con vida. Sus pinturas se cotizan con una indesmayable progresión de precios en las grandes subastas y ninguna colección de primer nivel se considera completa del todo si no cuenta con alguna obra firmada por Gerhard Richter.