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Albert Ràfols-Casamada (1923-2009)
Barcelona
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Técnica y color delimitan el terreno de juego de este pionero de la Abstracción de posguerra que antes que otra cosa fue poeta. Y, aún así, la atracción por el plano y la composición espacial revelan una sólida formación arquitectónica.

Ràfols-Casamada estructura sus cuadros en múltiples secciones a través de formas ortogonales. Pintura como orden pautado del ritmo en la que un suave colorido completa lo que ya es marca de la casa.

Su vocación plástica se manifestó muy pronto en el seno del grupo Els Vuit de su Barcelona natal, aunque sería París el crisol definitivo de su Arte. Allí recibió, a principios de los años 50, el poderoso influjo creativo de Picasso, Matisse, Braque y Miró, aunque a mediados de la década se produce en su obra una definitiva evolución hacia la Abstracción más pura en la que se adivinan influencias de maestros como Piet Mondrian o Marc Rothko.

Con la llegada de los años 70, Ràfols-Casamada afirma su personalidad frente a movimientos como el Pop Art y el Neodadá, fuertemente arraigados en su entorno artístico. Planos horizontales y verticales se interrelacionan en sus cuadros para alcanzar contrastes cromáticos muy marcados sin que por ello carezcan de su proverbial transparencia y luminosidad. Aparecieron también misteriosas grafías que aportan una gran fuerza gestual a la vez que ejercen una función delimitadora que ensalza el juego cromático.

Cada obra de Albert Ràfols-Casamada conforma un poema en el que las palabras se sustituyen por líneas y colores en lo que el artista denomina “una transcripción de nuestro diálogo con el mundo”. Esa voluntad de diálogo con lo que le rodea anuncia al paisajista que en realidad era, aunque sus paisajes sean siempre la representación de un motivo sobre el motivo.

Para Ràfols-Casamada, la pintura era “la única forma que tiene el hombre de verse con alegría”, aunque su incapacidad para encasillarse también lo llevó a prodigarse como escenógrafo teatral y como ilustrador de libros clásicos catalanes.

Ràfols-Casamada fue galardonado en 1980 con el Premio Nacional de Artes Plásticas y en 2003 con el Premio de Artes Visuales de Cataluña. Miembro honorario de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, se hizo merecedor también de la Legión de Honor de Francia y de la Cruz de Sant Jordi de Cataluña. Algunas de sus mejores obras se encuentran en museos como el Guggenheim y el MoMA de Nueva York, la Tate Gallery de Londres, el Pompidou de Paris y el Reina Sofía de Madrid, mientras que los coleccionistas privados se disputan ávidamente las piezas que aún salen a la venta en las grandes casas de subastas. En todas ellas es posible apreciar la fragancia de cada atmosfera y la musicalidad vibrante de la luz que serán para siempre sus señas de identidad.