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Robert Rauschenberg (1925-2008)
Port Arthur (Texas)
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Robert Rauschenberg es una de las personalidades más influyentes de la segunda mitad del siglo XX y artistas como Roy Lichtenstein y Andy Warhol lo reconocieron como el padre del Pop Art. Aunque solía decir que no entendía del todo el Dadaismo, Rauschenberg fue siempre capaz de elevar los objetos cotidianos a la categoría de Arte y, junto a Jasper Johns, recuperó el espíritu Dadá en Estados Unidos durante la década de los 50.

Estudió Farmacia en la Universidad de Texas y también Historia del Arte, escultura y música. Fue alumno de Josef Albers y Jack Tworkov en el Black Mountain College de Carolina del Norte y allí se hizo amigo de John Cage. Después viajó por Italia, Francia y España en compañía de Cy Twombly.

Rauschenberg fue mucho más que una figura clave de la Vanguardia de los 50 y los 60 porque acabó convirtiéndose en fuente de inspiración para la mayoría de los artistas integrados en las Vanguardias Radicales de los años 70. El mítico galerista neoyorquino Leo Castelli fue quien lo sacó de la nada en 1951, aunque no sería hasta catorce años después cuando se convirtió en el primer pintor norteamericano galardonado con el Gran Premio de la Bienal de Venecia. De esa manera, el Pop Art se consagraba como el movimiento dominante de mediados del siglo XX.

Nadie como Robert Rauschenberg ilustra la evolución del Arte de esa época. Desde el Expresionismo Abstracto hasta las últimas consecuencias del Pop. Sus ‘combine paintings’, en las que mezclaba sobre el lienzo sillas, botellas y animales disecados, hicieron de él un auténtico gurú para los artistas de generaciones posteriores y también fue uno de los primeros en experimentar con la serigrafía para repetir las imágenes obsesivamente, primero en blanco y negro y después en color. Su manera de entender el Arte era de apertura total, rompiendo las fronteras tradicionales entre técnicas y estilos. Rauschenberg destacó en la renovación conceptual de la pintura, la obra gráfica y hasta el diseño de decorados teatrales, sin olvidar la fotografía y la danza. Con ellas estableció un lenguaje híbrido que en el siglo XXI es habitual entre los nuevos creadores. Con ellos tenía en común su desprecio por el culto a la personalidad y la apuesta por los objetos de la vida cotidiana como modelos y herramientas con las que oponerse a la vieja idea de un artista heroico que se aleja de sus contemporáneos en actitudes y expectativas.

Entre sus obras imprescindibles se encuentra ‘Bed’, concebida en una época en la que el artista pasaba apuros económicos y no tenía recursos ni para comprar un lienzo, por lo que utilizó el edredón de su cama para pintar sobre él con pasta de dientes y laca de uñas. Fundamental es también ‘Estate’, en la que aplicó su técnica de transferencia para integrar la pintura artesana con imágenes recogidas de periódicos y revistas.

Cualquiera que fuera la técnica elegida, mantuvo siempre su espíritu crítico y su voluntad de experimentar. La constante búsqueda de nuevas formas de expresión lo convirtieron en un artista clave en la Historia del Arte y todos los grandes museos del mundo cuentan hoy en día con alguna de sus obras entre lo mejor de sus colecciones.