Gregorio Prieto (1897-1992)
Ciudad Real


La vida de Gregorio Prieto ocupa uno de los períodos más fructíferos y, a la vez, terribles de la historia mundial. La pérdida y la soledad fueron el leit motiv vital del artista desde su más tierna infancia. Su inmensa producción abarca pintura, escenografía, literatura, ilustración... reflejando influencias de todo tipo y condición. Frescura y calidez mediterránea que se compensan con el frío y empalagoso sentimentalismo del mundo religioso. Imposible no reconocer la fuerza desgarradora de los sentimientos reprimidos por una sociedad hipócrita.
La familia se traslada a Madrid en 1905 tras la muerte de su madre. Prieto manifiesta un fuerte interés por el dibujo a pesar de la oposición paterna. Ingresa en la Escuela Industrial pero únicamente supera con éxito las asignaturas de dibujo. Prepara en secreto el ingreso en la Real Academia de San Fernando y lo consigue.
Los años 20 fueron para el joven Gregorio un período emblemático. En 1922 conocía a Rafael Alberti, con quien prepara la ilustración un libro de poemas. Pero 1924 le abre las puertas hacia nuevos mundos sentimentales. Contacta con el ambiente progresista y liberal de la Residencia de Estudiantes donde conoce a Federico García Lorca. Surge entre ellos una amistad inmediata, con intercambio constante de dibujos, ideas, proyectos y sentimientos. Tras el asesinato de Lorca, Prieto no da tregua a su dolor y centra su actividad en reivindicar la memoria del poeta. ‘Lorca as a pintor’, ‘Lorca en color’, ‘Lorca y su mundo angélico’… La producción literaria de Prieto a propósito del granadino fue abundante y de gran utilidad para extender su fama.
Gregorio Prieto pudo viajar por toda Europa gracias a la obtención de becas y bolsas de trabajo de numerosas fundaciones e instituciones públicas. Francia e Italia fueron sus principales destinos durante los años 20, lo que le permitió entablar amistad con artistas como Filippo De Pisis y Andrea Savinio. En Italia conoció también a Carrà, Bragaglia, Marinetti y De Chirico, figuras capitales de la Vanguardia que dejaron su impronta en el artista español. Ya en los años 30, viaja continuamente por Grecia, Egipto, Alemania y Suecia, fijando su residencia en Gran Bretaña con el estallido de la Guerra Civil. Oxford y Cambridge serían entonces las ciudades donde desarrollaría su carrera.
Pero la vuelta España supuso un duro golpe para Prieto. Nada de lo que él recordaba de su país resultó ser como imaginaba, lo que le llevó a sumergirse en un mundo ideal en el que la evocación de la juventud perdida y el aislamiento dieron paso a una rica producción artística que hoy se encuentra en las más importantes colecciones de Arte.