Guillermo Pérez Villalta (1948)
Cádiz


Guillermo Pérez Villalta, paladín de la Nueva Figuración madrileña de los años 80, no desecha estilos tan opuestos como el Manierismo y la Pintura Metafísica de Giorgio de Chirico. La temática de sus cuadros va desde la reinterpretación del mundo homérico hasta las escenas del más puro goticismo, pasando por recreaciones de la cultura homoerótica de la segunda mitad del siglo XX.
La fuerza de este autor que gusta referise a sí mismo como “artífice” reside en la vuelta a un Arte iconográfico, que se sostiene sobre el conocimiento de un código común para artistas y espectadores. Ese retorno a los presupuestos de una pintura con base histórica se acentúa a partir de 1979, cuando los detalles arquitectónicos y efectos decorativos a la manera del trampantojo cobran un vigor inusitado.
La renuncia de Pérez Villalta a cualquier representación conceptual y minimalista en favor de posiciones más cercanas al ornamento lo empujan a navegar en solitario, defendiendo actitudes de absoluta independencia. El artista andaluz no concibe su trabajo al margen de la reflexión y la crítica permanente, que lo llevan a denunciar que "la creación plástica no ha evolucionado en absoluto durante los últimos 40 años".
Pérez Villalta es un pintor autodidacto con una sólida formación en disciplinas como la arquitectura y la Historia del Arte. Sus primeras exposiciones se remontan a los años 70, aunque su protagonismo actual data de las exposiciones individuales que le dedicaron en 1974 y 1976 las galerías Buades y Vandrés, ambas de Madrid. Por aquel entonces, sus creaciones introdujeron una llamativa ruptura con los valores propios de la generación anterior, tan dependiente de los materiales, el gesto y las formas en sí mismas.
A finales de los años 80 y principios de los 90, Perez Villalta depura sus planteamientos plásticos tras haberse convertido en una de las enseñas más reconocibles de la Movida Madrileña. El ambiente que rodea a los protagonistas de sus historias se aproxima a lo abstracto y la gama cromática se reduce, tendiendo a una mayor homogeneidad.
Ya en el siglo XXI, los ciclos de la naturaleza y el paisaje cobran nuevo vigor en sus creaciones. Como él mismo ha reconocido, se trata de “uno de los géneros más gozosos para la invención pictórica”, puesto que le permite acercarse a lugares exóticos que sólo a través de la literatura había tenido ocasión de conocer. A partir de 2008 centró su trabajo en la recreación paisajística de los clásicos del siglo XVII. El paisaje rococó que desprecia la mayoría de sus contemporáneos abrió para él un nuevo capítulo de insospechadas posibilidades 25 años después de ver reconocido su talento al más alto nivel con el Premio Nacional de las Artes Plásticas de España.