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José Palmeiro (1903-1984)
Madrid
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La obra de José Palmeiro se distingue por un colorido audaz con el que recrea espacios amables en un delicado equilibrio entre inteligencia y sensualidad. Su pintura se basa en estructuras bien ordenadas sobre las que su amplia paleta de colores se pone al servicio de la luz.

Palmeiro llega a París en 1925 y es allí donde recibe la influencia determinante de los maestros impresionistas y post impresionistas. Tras una primera etapa de sometimiento al dibujo, evoluciona progresivamente hacía la preeminencia del color que comienza a aplicar en grandes masas, abandonando la gradación tonal encaminada a dar volumen a las figuras a favor de la yuxtaposición de planos. Su universo se vuelve exuberante, rotundo, de una perfecta armonía y acentuada carnalidad.

Entre 1942 y 1946 trabaja en exclusiva para la Galería del Elíseo de París junto a maestros como Picasso, Bores, Clavé y Óscar Domínguez. Es en estos años cuando adquiere el interés por la luz que, antes que realzar y modelar los objetos, irradia desde ellos.

En 1948 viaja a América en busca de la inspiración que le faltaba en los ambientes parisinos. Ya era entonces un artista consagrado internacionalmente y su obra podía verse en las mejores salas de Europa, pero sentía la necesidad de rodearse de entornos exóticos para seguir creando y así lo hace durante casi diez años.

Ya en los años 70 comienza a visitar España, donde expone periódicamente, particularmente en Galicia, donde se encuentran sus raíces familiares. Como no podía ser de otra manera, quien fue uno de los miembros más destacados de la Segunda Escuela Española de París terminó por convertirse en uno de los valores más seguros del mercado del Arte contemporáneo.