Maruja Mallo (1909-1995)
Vivero (Lugo)


Maruja Mallo es una de las figuras más fascinantes del panorama artístico español que antecede a la Guerra Civil. Siempre atraída por la renovación, dedica lo mejor de sí misma a la producción plástica y a la labor docente en todas las etapas de su vida.
Su formación se inicia en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid donde cursa estudios entre 1922 y 1926. El ambiente cultural de la capital le aproxima a los círculos vanguardistas del momento y entra en contacto con los miembros de la Generación del 27: Lorca, Dalí, Alberti, Buñuel y Zambrano forman parte del grupo de amistades que frecuenta la artista.
En 1928, la obra de Mallo sorprendió muy favorablemente a José Ortega y Gasset, uno de los referentes intelectuales del momento. Apreciando las posibilidades renovadoras de su pintura, organiza para ella la única exposición que la Revista de Occidente hizo a lo largo de toda su existencia y Madrid se rindió ante ella.
Los años previos a la Guerra Civil suponen para Maruja Mallo una actividad muy intensa. La docencia en la Residencia de Estudiantes y la Escuela de Cerámica se compagina con proyectos teatrales y colaboraciones en la Revista de Avance, El Almanaque Literario o la Revista de Occidente. Tampoco falta en esos tiempos el inevitable paso por París, donde conoce en 1932 a Bretón, Éluard, Miró, de Chirico, Ernst y Magritte. Se produce entonces un giro radical en sus inquietudes hacia un surrealismo teñido de intensidad dramática. De esa época data una obra emblemática de Maruja Mallo: ‘El espantapájaros’.
Participó también en la Escuela de Vallecas liderada por Benjamín Palencia y Alberto Sánchez hasta que la Guerra Civil la empuja a exiliarse en Buenos Aires. La capital argentina fue su residencia más estable durante casi veinticinco años y allí su ritmo creativo sigue siendo intenso, con periódicos desplazamientos a París y Nueva York.
No regresa a España hasta 1965, cuando se asienta de nuevo en Madrid para comprobar que es una total desconocida en su propio país. Su figura había sido víctima del olvido y no volvería a recibir la atención que merecía hasta muchos años después. Fue galardonada con la Medalla al Mérito en las Bellas Artes y el Premio Nacional de Artes Plásticas antes de su fallecimiento en 1995.