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René Magritte (1898-1967)
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Un artista incomprendido y controvertido durante toda su vida, cuyo trabajo sólo encontró su verdadero lugar después de haber fallecido. Precursor del Arte postmoderno y de movimientos como el Pop Art, sus creaciones deconstruyen la realidad para envolverla en el misterio mientras que los objetos mundanos cobran vida como por arte de magia. Cuerpos y paisajes se confunden en sus cuadros gracias a un hábil juego de colores y perspectivas en las que cielos muy claros, pipas y burgueses con bombín dominan unas composiciones que se consideraron subversivas, a pesar de carecer de mensajes ideológicos.

Hijo de un sastre y de un ama de casa víctima de constantes depresiones, Magritte contaba sólo 14 años cuando vio rescatar el cuerpo sin vida de su madre, que se había arrojado al río Sambre. Tenía el rostro cubierto por su propio camisón, una imagen que reaparecería posteriormente en algunas de sus obras.

El joven René se trasladó a Bruselas cuando tenía 19 años para cursar estudios de pintura en la Academia de Bellas Artes. Allí contrajo matrimonio con Georgette, a la que había conocido en Charleroi, y que se convertiría para siempre en compañera, modelo y musa. Por aquel entonces, Magritte trabajaba como grafista para una fábrica de papeles pintados.

Su primera exposición fue un estrepitoso fracaso, lo que llevó a la pareja a abandonar Bruselas para probar suerte en París. Magritte conoció allí a los grandes surrealistas del momento, como Aragon, Breton y Éluard, aunque sus cuadros, aún influidos por el Futurismo y la estética de Giorgio de Chirico, seguían sin venderse.

De regreso en Bruselas, Magritte se estableció en la Rue Esseghem de Jette, donde abrió un taller de diseño publicitario y pintaba cuadros en los que aparecían numerosos elementos de la casa, como la chimenea, las ventanas de guillotina o las puertas acristaladas. Allí cuajaría el estilo inconfundiblemente lírico que destilan sus obras, llenas de paradojas visuales que plasman su ironía y el rechazo que sentía por todo tipo de convenciones.

En Bruselas se encuentran en la actualidad sus creaciones más importantes desde la creación del Museo Magritte, un centro de estudios que alberga el legado de la escritora Irène Scutenaire-Hamoir, otra figura fundamental del Surrealismo en Bélgica, al que se unió la generosa donación realizada por la viuda del pintor.