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František Kupka (1871-1957)
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Un artista singular, capaz de resistir todos los intentos de clasificación, a pesar de que se le ha vinculado con los principales movimientos del siglo XX. Lo cierto es que la nueva generación de creadores abstractos surgida en los años 30 lo aclamó como uno de sus grandes pioneros y así lo cree también la mayoría de los historiadores del Arte.

Kupka inició su carrera en la prestigiosa Escuela de Bellas Artes de Praga, donde aprendió las técnicas y procedimientos que estaban de moda a finales del siglo XIX, pero fue en Viena donde se interesó por la pintura alegórica y simbolista algunos años más tarde. Instalado en París en 1896, trabajó como ilustrador de prensa y de publicidad a la vez que se interesaba por las primeras Vanguardias, particularmente por el Fauvismo y el Cubismo, aunque mantuvo siempre su independencia artística.

En París también vivía Picasso y, aunque no se trataban, pintaron los mismos personajes que encontraban por las calles, y compartieron el afán de investigación y la voluntad de encontrar espacios de libertad más allá de los movimientos establecidos.

El interés de František Kupka por los planteamientos futuristas le llevó durante los años 10 a una progresiva Abstracción que se centraba en el movimiento, los efectos de color y la relación entre la pintura y la música. Esa primera Abstracción de carácter orgánico tenía su base en una profunda atracción por los progresos científicos, a la vez que por las grandes cuestiones filosóficas, como la vida y la muerte. Sus pinturas de esa época hablan de ciencia y espiritualidad, y también de la velocidad de la vida moderna.

Ya en los años 30, Kupka se muestra más cercano a la Abstracción pura y, a pesar de su insobornable individualidad, funda el grupo Abstracción-Creación junto con Auguste Herbin y Jean Hélion. Su intención era oponerse a los planteamientos surrealistas del movimiento liderado por André Breton. Cinco años más tarde participó en la legendaria exposición ´Cubismo y Arte abstracto´ que organizó el MoMA de Nueva York, un acontecimiento que marcaría el inicio de su tardía consagración como uno de los principales precursores de la Abstracción.

En la obra de Kupka no hay nada resuelto de manera definitiva, y hasta sus últimos trabajos denotan que nunca dejó de investigar. Así puede comprobarse con extraordinaria claridad en el Centro Georges Pompidou de París, donde se conserva la mayor colección de obras de este artista que existe en todo el mundo.