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Oskar Kokoschka (1886-1980)
Pölcham (Austria)
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La vida del pintor austriaco se extiende por casi una centuria de una de las épocas más convulsas y creativas de la historia de Europa. La caída del Imperio Austro-Húngaro, la Primera Guerra Mundial, el período de entreguerras, la Segunda Guerra Mundial y la terrible posguerra marcan la producción de uno de los mayores renovadores del Arte europeo del siglo XX. Kokoschka es un personaje inquieto, convulso que posee una capacidad innata para la captación psicológica de los modelos que retrata. La deformación que practica dentro del Expresionismo poco tiene que ver con la de sus compañeros alemanes de Die Brücke. No son las formas las que se distorsionan brutalmente, es el alma.

La formación artística de Kokoscha tuvo lugar en la Escuela de Bellas Artes de Viena entre 1904 y 1909. Son los años del Modernismo y la reivindicación del artesanado sobre los productos industriales de baja calidad. La actividad de este período vienés se simultanea entre pintura y literatura. Comienza a escribir sus primeros dramas expresionistas como ‘La esfinge y el hombre de paja’ y retratos que escandalizan por igual a la burguesía de la ciudad. Contó con la ayuda del arquitecto Loos dentro del ambiente artístico de la ciudad, lo que le permitió recibir algún encargo. También participaría en las exposiciones de 1908 y 1909 de la Kunstschau en las que conoce la obra de Munch y Van Gogh. El ambiente vienés se vuelve insoportable para el artista que en 1910 decide marcharse a Berlín. Allí le apoya Herwarth Walden, máximo responsable de la galería y revista Der Sturm. El retrato se convierte el la expresión cumbre de estos años. Esas ‘pinturas negras’ del espíritu le llevan a retratar a lo más selecto de la sociedad intelectual sin ninguna piedad.

En 1916 se le interna herido y neurótico en un hospital de Dresde para su recuperación tras haberse alistado en el ejército. La ciudad de Dresde se convertía así en su lugar de residencia hasta 1923. Dio clases en la Escuela de Bellas Artes y frecuentó a los expresionistas. La producción plástica de estos años da un nuevo giro. Ahora son ciudades y paisajes los que ‘retrata’ porque no se limita a su mera reproducción. Va más allá de la impresión superficial adoptando puntos de vista elevados y colores brillantes. Tras la estancia en Dresde se abre una época de viajes. Europa, Oriente Próximo, el Norte de África amplían las experiencias visuales del artista. París se convierte en su destino pero tampoco se encuentra a gusto en los ambientes culturales de la capital.

El ciclo se cierra y vuelve a Viena. Poco iba a durar su estancia pues el nazismo va tomando fuerza y Kokoschka es una de las principales voces que se levantan contra él. Austria y Polonia caen bajo el terror nazi, Kokoschka queda incluido en los artistas del Arte Degenerado y debe huir a Londres en 1938 para evitar su detención. Su actividad humanitaria durante la contienda y en la posguerra posterior es incesante. Años después defendía la libertad como única base posible para la reconstrucción de una Europa arrasada hasta los cimientos. Las antológicas de Nueva York y Dresde colocan a Kokoschka en el lugar privilegiado que le corresponde por derecho propio en la Historia del Arte.