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Manolo Hugué (1872-1945)
Barcelona
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En la escultura de Manolo Hugué se funden diversas tradiciones para lograr un producto de novedoso cuño. El escultor catalán admira los niveles plásticos alcanzados por la escultura egipcia, de la que el mundo griego fue su mejor aprendiz. A la fusión entre ‘Primitivismo’ y ‘Clasicismo’ añade la libertad creativa que los nuevos lenguajes de Vanguardia estaban abriendo desde París. Todo ello hace que la escultura de Hugué contenga una vitalidad rotunda que emana de volúmenes sólidos. La suavidad del Clasicismo se altera por la individualidad marcada de las diferentes partes que componen el objeto representado.

Barcelona es el marco en el que tiene lugar el aprendizaje de Hugué. La enseñanza oficial de la Lonja se complementa con la recibida en el taller de escultura de Torcuato Tasso y la fundición Masriera y Campins. En él tiene mucha importancia el ambiente artístico que se estaba viviendo en la Barcelona de finales del siglo XIX y principios del XX. Participa activamente en el entorno de artistas que se habían concentrado al rededor del establecimiento Els Quatre Gats, centro de difusión del Modernismo catalán. Conoció a Ramón Pichot, Santiago Rusiñol, Joaquín Mir, Isidro Nonell, Pablo Picasso...en las reuniones que se celebran allí.

En 1901 se instala en París integrándose en el agitado panorama artístico de la capital francesa. Junto a Picasso, entra en contacto con otros grandes personajes del momento como Apollinaire, Derain, Braque y Modigliani. Aún no ha comenzado su dedicación total a la escultura por lo que diseña piezas de joyería influido por Paco Durrio.

El pueblo pirenaico de Ceret, al que Hugué se traslada en 1910, marca una nueva etapa en la que la escultura es su producción principal. En obras como ‘La Llobera’ (1911) se manifiestan todas las influencias y su original modo de asimilarlas. La rigidez de la escultura egipcia y mesopotámica se combina con la volumetría propia del Cubismo que aún no se aprecia en todo su esplendor. Su carrera profesional dio un giro radical al firmar un contrato con Kanhweiler. Esto le permitió exponer en la Armory Show de 1913 y en la también neoyorquina galería de Alfred Stieglitz al año siguiente.

El estallido de la Primera Guerra Mundial le obliga a abandonar Ceret y trasladarse de nuevo a Barcelona. Aristide Mallol le forma en la práctica de una escultura que bebe de las fuentes de la Antigüedad Clásica. Vuelve a Ceret tras el fin de la guerra inaugurando una etapa de gran actividad creativa. En 1928 se instala en Caldes de Montbuy por motivos de salud. Este mismo año expone en la Bienal de Venecia. Al año siguiente participa en la Exposición Internacional de Barcelona y en 1943 en el Salón de los Once.