José Hernández (1944)
Tánger


El espíritu abierto y multicultural de su ciudad de origen ha marcado para siempre el carácter de José Hernández, artista autodidacto que inicia el camino de la creación plástica mucho antes que los estudios de arquitectura. El dibujo es la base de todas sus creaciones, tan llenas de simbología con sus figuras humanas en descomposición y sus edificios en ruina. El contrapunto lo pone siempre la naturaleza -otra constante en su obra- que irrumpe como un rayo de esperanza en un entorno desolado.
Con su personal imaginería, Hernández invita a reflexionar sobre la caducidad de la vida y el paso del tiempo. El alma del espectador se impregna de sensaciones contradictorias en un viaje a lo más hondo de sí mismo. La realidad se desmenuza con precisión entomológica para desembocar en un mundo de honda raíz surrealista en el que se hace palpable el influjo de maestros de la talla de Leonardo, Durero o Goya.
José Hernández es mucho más que pintor, dibujante o grabador. Su carrera artística se ha visto enriquecida con numerosos trabajos escenográficos para ópera y teatro, y con la ilustración de textos literarios como los de Rimbaud, Kafka o Sábato. Entre el placer y la repulsión, el espectador advierte también la incontestable influencia de Antoni Tàpies o Francis Bacon en la sinfonía de ocres y verdes que los llenan de valores atmosféricos.
No extraña por ello que los críticos más exigentes encuentren en Hernández a un digno sucesor de los grandes maestros del pasado sin dejar de ser un artista absolutamente contemporáneo. Su creatividad se mantiene en constante ebullición y desde Madrid continúa impulsando una carrera que cuenta ya con el unánime reconocimiento internacional.