Carlos de Haes (1829-1898)
Bruselas


Es la figura clave del paisajismo hispano de mediados del siglo XIX. Su influencia resultó fundamental para los pintores que siguieron esta vía durante la segunda mitad de la centuria. Haes es el máximo exponente de la teoría imitativa del Arte. Para él el pintor debe ser fiel a la naturaleza. La imaginación no tiene cabida en la pintura. Es un pintor clasicista también en la composición, perfectamente equilibrada. Se mueve en el ámbito del Realismo y la pintura al aire libre, aunque con matices. La salida a la naturaleza únicamente servía para tomar apuntes. El cuadro final debe terminarse en el taller. Esto le separa de la pintura plainairista francesa. Sin embargo la preocupación por aspectos lumínicos y una pincelada característica lo relacionan con el Impresionismo.
Carlos de Haes procede de Bélgica. Posteriormente su familia se traslada a Málaga por cuestión de negocios. En la ciudad andaluza asistió a sus primeras clases de pintura con Luis de la Cruz. La formación artística continúa en Bruselas, ciudad a la que regresa en 1850. Durante un período de cinco años Joseph Quinaux le enseña los rudimentos de la pintura paisajística. Finalmente regresa a España tras conocer la nueva pintura que se está desarrollando en Francia.
En 1857 se le nombra profesor de la Cátedra de Pintura de Paisaje de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Desde allí influía en una serie de pintores que continuaron trabajando este género en las últimas décadas del XIX. Entre ellos destacan Darío de Regollos, Jaime Morera, Aureliano de Beruete y Agustín Riancho. Además, la importancia de Carlos de Haes también está en su extensa producción. Un conjunto de más de cuatro mil piezas entre apuntes y cuadros de paisaje dan una idea del éxito del pintor entre público y profesionales.