Marcel Duchamp (1887-1968)
Blainville


¿Puede uno hacer obras que no sean obras de Arte? La pregunta que Marcel Duchamp se hizo en 1913 no sólo marcó un giro radical en su propia carrera sino que inició una revolución en la Historia del Arte. Hasta entonces había sido sólo pintor, pero el interrogante abrió un nuevo camino de rebelión frente a las ideas tradicionales sobre lo que es el Arte.
Estudiante de pintura en la Académie Julian hasta 1905, sus primeros trabajos eran de estilo posimpresionista, aunque pronto sintió "la necesidad de ser inteligente” y no hacer “lo que tu padre ya había hecho”. Con 26 años creó su primer ‘readymade’, objetos producidos en serie y potenciales obras de Arte. Lo eran porque que habían sido escogidos por un artista, independientemente de quién los hubiera manufacturado. Un secador de botellas comprado en una ferretería o una rueda de bicicleta podían ser Arte, por lo tanto, y esa defición nunca más sería privativa de las piezas únicas.
Esos objetos cotidianos a los que alejaba de su función inicial cambiándoles el contexto imprimieron a la Historia del Arte un primer gesto innovador que no sería el único de Duchamp. Inventó un nuevo sistema de medición y declaró que eso era Arte. Compuso música por mero azar y así lo tituló también. Fue él quien utilizó por primera vez la fotografía para redefinir la pintura y convirtió óptica, perspectiva y transparencia en fuentes de una nueva visión del Arte a la vez que hacía saltar por los aires las nociones tradicionales de continuidad y progreso estético.
El humor está muy presente en su obra a través de inteligentes juegos de palabras. También el erotismo, como en ‘El gran vidrio’, considerada su creación más importante, y en ‘Etant Donnés’, un último y enigmático trabajo que el artista elaboró secretamente durante casi 20 años y que mantuvo oculto hasta después de su muerte. Duchamp era un artista insobornable, libre, casi siempre aislado, cuyas propuestas iban dirigidas al pensamiento. Aunque no siempre lo entendieran así sus contemporáneos y autores como Picasso, Matisse y Braque llegaron a retirarle el saludo.
Él mismo escribió en 1955 que tal vez tuviera que esperar 50 o 100 años para encontrar a su público. Una afirmación que habla de la conciencia que tenía de haber revolucionado el Arte al poner en cuestión categorías que hasta entonces habían parecido absolutas. Duchamp abrió el camino al Arte Conceptual, el Dadaísmo y el Pop Art. También influyó de manera decisiva en movimientos como el Surrealismo. André Breton y Paul Eluard le pidieron en 1938 que diseñara el espacio en que celebraron su primera exposición surrealista y él colgó del techo 1.200 bolsas de carbón vegetal, instaló puertas giratorias en el centro y apagó todas las luces para que los espectadores tuvieran que contemplar los cuadros con ayuda de linternas. Tampoco dudó en utilizar las creaciones de los clásicos como mero material de trabajo y fruto de esa novedosa actitud fue la escandalosa recreación de ‘La Gioconda’ con bigote.
Más allá de la mera agitación social, la influencia de Marcel Duchamp sentó bases muy sólidas para las generaciones siguientes y aún hoy es el maestro más influyente para muchas de las corrientes del siglo XXI. Si hubiera muerto en 1912 no habría conseguido más que una anotación a pie de página en la Historia del Arte, pero cuando se preguntó si puede alguien hacer una obra que no sea de Arte abrió nuevas perspectivas que hoy se consideran absolutamente válidas.
Tras su muerte, los más grandes museos de Europa y Estados Unidos le dedicaron importantes retrospectivas y sus obras se encuentran hoy en colecciones de tanta categoría como las de la Tate Gallery, el Pompidou, el Museo de Arte Moderno de Filadelfia y el de Estocolmo. Ninguno de sus ´readymades´ originales existe ya porque todos se destruyeron antes de los años 60 pero fue él quien decidió reelaborarlos a partir de 1960. Al fin y al cabo es el artista quien decide qué es una obra de Arte y cuándo se elabora.