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Otto Dix (1891-1969)
Gera (Alemania)
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Un artista excepcional, a quien la Historia del Arte considera el principal representante del movimiento Nueva Objetividad. Pintor, grabador y dibujante, su técnica exquisita retrata el mundo que le rodea mediante imágenes que subliman lo peor de nuestra especie hasta elevarlo a niveles de una rara belleza. Francisco Calvo Serraller lo ha llegado a calificar como “El Bosco del siglo XX”.

Otto Dix quiso adentrarse en todas las corrientes pictóricas de su tiempo y su militancia tenía siempre continuidad en otros movimientos igualmente volcados a captar la esencia del ser humano. Dadaísmo, Expresionismo, Nueva Objetividad... Dix fue el pintor de lo feo, de lo ridículo, incluso de lo repulsivo. El de la dualidad entre Eros y Tánatos. La terrible experiencia de la I Guerra Mundial marcó para siempre su manera de mirar la vida, haciéndolo aún más pesimista y mordaz.

Dix retrató el mundo perdido de entreguerras con la perfección compositiva de los clásicos y criticó la maldad de sus contemporáneos con lo mejor de la tradición renacentista. Su realismo descarnado evoca a Brueguel y a Goya, y la mayoría de sus obras son auténticas radiografías sociales, lo que terminaría por situarle en el punto de mira del régimen nazi, que lo calificó de “pintor degenerado”.

Alejado por igual de la Abstracción occidental y del Realismo Socialista, Otto Dix ha sido reconocido como el más importante artista alemán de todo el siglo XX. Su legado asciende a más de 6.000 obras entre dibujos, acuarelas y lienzos de todos los formatos. Las mejores de ellas pueden verse en el Museo de Arte de Stuttgart, aunque otra institución exhibe desde 2007 la colección más numerosa de piezas firmadas por Otto Dix: el Gunzenhauser Museum de Chemnitz, que es depositario de casi 300 obras donadas por el magnate que da nombre a la colección.