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José María Díaz-Maroto (1957)
Madrid
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La fotografía no es una opción para Díaz-Maroto. Es una necesidad vital. Trabaja siempre sin prisas, alejado de las modas, y no aprecia las modernas técnicas de retoque digital. Cámara y película de blanco y negro le bastan para captar el alma de la gente en instantáneas llenas de placidez.

Elemento genuino de su obra es siempre el afecto con que se acerca al objeto. Hombres, mujeres, niños... Su sensibilidad a flor de piel le impide juzgar trayectorias ni circunstancias. Díaz-Maroto mira la vida con respeto y acaricia a los modelos con su objetivo.

Viaja de manera insaciable siguiendo el ideal de los artistas románticos y es Francia su referente principal. Arles se acabó convirtiendo para él en destino de peregrinación y año tras año visita un festival donde tomó contacto por primera vez con grandes maestros de la fotografía como Álvarez Bravo, Franco Fontana, Doisneau o Lartigue.

Díaz-Maroto no es un artista refractario al ideal colectivo. A finales de los años 70 se implica en el Grupo-28 junto con Manuel Sonseca, Rafael Ramírez, Pilar Pequeño y Evaristo Delgado, entre otros. Con ellos comparte inquietudes y expone durante años. Ya en los 90, otro gran proyecto con Sonseca, Delgado y Julio Álvarez Yagüe: ‘Viaje a Poniente’. Juntos captarían la desconocida esencia del alma portuguesa en un trabajo que sorprendió al público y la crítica de Madrid en 1996.

Los viajes nunca cesan. Sahara, México, Martinica... el Caribe, siempre. Cielo, gente y música de Cuba. Imágenes sencillas del ser humano, lugares comunes y habitados. Una vez más, la historia del cazador cazado.

En 1998 nace en Madrid PhotoEspaña, un acontecimiento que cambiaría en muchos aspectos la trayectoria de la fotografía creativa. En aquella primera edición del festival se pudo ver el proyecto más ambicioso de José María Díaz-Maroto: 400 metros cuadrados de exposición en los que la pasión del ser humano se retrata “sin denunciar ni molestar”.

Díaz-Maroto se ha convertido en figura indispensable de la fotografía de los últimos 30 años. Sus instantáneas alcanzan una demanda elevadísima y los coleccionistas aprecian el aire fresco que en ellas se respira. Él continúa el camino emprendido con tanta naturalidad a finales de los años 70 con una cámara rudimentaria y mucho sentimiento.