Eduardo Chillida (1924-2002)
San Sebastián


Poesía espacial. Espacios poéticos. Desde la Abstracción como vehículo expresivo, alcanza la esencia del lenguaje que lo dota de universalidad y da al vacío un protagonismo sin precedentes en la Historia del Arte. Sus formas se retuercen y penetran como caligrafías en tres dimensiones y no se limitan a la autocomplacencia: Chillida busca siempre la interacción con el paisaje que las rodea para que las piezas acojan al espectador con inusitada calidez, a pesar de la dureza de los materiales.
La gran capacidad de Chillida para reinventar una y otra vez el espacio procede de su sólida formación arquitectónica que acabó abandonando en pro del dibujo. Su estancia en París durante los años 50 abrió el camino hacia la escultura tras quedar impactado por los maestros griegos del periodo arcaico que visitaba una y otra vez en el museo del Louvre. Y es también París el lugar donde conoce a Pablo Palazuelo, con quien que entabló amistad tan profunda que duraría hasta su muerte.
El primer contacto de Eduardo Chillida con la fragua se produjo en Hernani, tras regresar definitivamente a San Sebastián. Manuel Illarramendi abrió para él un mundo fascinante en el que el hierro, el acero y la piedra definirían carácter y contenido de toda su posterior producción. En 1954 expone por primera vez en Madrid en la que sería también la primera exposición de escultura abstracta de toda la Historia de España.
Chillida no dejó de investigar ningún campo de la creatividad plástica. Siempre se sintió cómodo con la obra gráfica y conceptos ya presentes en sus trabajos tridimensionales se trasladan al papel con líneas que definirían territorios de la imaginación hasta entonces inexplorados.
Es también Eduardo Chillida un artista comprometido con su tiempo. Su Arte encuentra sentido cuando sirve al Hombre y no se desentiende de las circunstancias sociales y políticas que le tocaron vivir. Siempre estuvo dispuesto a colaborar con instituciones como Naciones Unidas, Amnistía Internacional o Cruz Roja en sus campañas a favor de los Derechos Humanos.
Autor de abundante material, Chillida se sitúa entre las grandes figuras de la vanguardia española, con Oteiza, Gargallo, Serra y Gabino. Su último gran santuario se encuentra en el Chillida Leku, museo que recoge en Guipúzcoa lo mejor de su irrepetible trayectoria.