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Santiago Cárdenas (1937)
Bogotá (Colombia)
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La realidad cotidiana toma cuerpo en la obra del pintor colombiano. Los objetos se plasman con la total nitidez de un estilo hiperrealista, casi fotográfico. Son recuerdos de una presencia: la del hombre alienado. Su visión actúa como un espejo deformante.

La idiosincrasia de Cárdenas, colombiano que reside en EEUU, le conduce a la búsqueda de sus propios caminos de expresión. Por un lado contempla el éxito de la Escuela de Nueva York con su Arte autenticamente americano a través de la Abstracción y la gestualidad. Por otro, el Pop que recupera la figuración para criticar la sociedad de consumo. También la pintura histórica europea le interesa. De ella destaca movimientos como el Impresionismo, el Cubismo y el Postimpresionismo que le dan una nueva forma de tratar la realidad. Esa misma proximidad con lo real le acerca a la pintura holandesa del XVII. Lo cotidiano asume la forma de Rembrandt y Veermer.

En 1965 decide regresar a Colombia al añorar un modo de vida ajeno al estadounidense. Necesita libertad de acción para trabajar sin la presión de las tendencias. Unos paisajes exhuberantes y la posibilidad de llevar una vida tranquila le permiten crear según sus necesidades.

Espejos, paraguas, trajes, corbatas, pizarras, flores, paredes, telas, parejas congeladas en el espacio- tiempo... Todos pertenecen al rico mundo interior de Cárdenas. Su origen está en la realidad exterior pero el lienzo les dota de una nueva cualidad. Surrealismo, espacialidad negada y afirmada a la vez, nostalgias del hombre, recuerdos de presencias que ya no están. Todo forma parte de la singular obra de Santiago Cárdenas.